¿Cuánto pasto te queda en el campo? Esa pregunta, que define si el rodeo aguanta o hay que ajustar la carga, está siendo respondida con una mezcla de satélites y mediciones a campo por el INTA Concepción del Uruguay.
Conocer la disponibilidad de forraje no es un dato de laboratorio: sirve para planificar el pastoreo, ajustar la carga animal y anticipar déficits. En campos extensos y ambientes heterogéneos, medir todos los potreros con frecuencia puede ser una tarea pesada.
Investigadores del INTA y de otras instituciones de Argentina, Uruguay, Colombia y Costa Rica evaluaron, en el marco de un proyecto FONTAGRO, una metodología que integra imágenes satelitales con mediciones estratégicas. La idea es simplificar relevamientos y producir información útil para el manejo de sistemas ganaderos pastoriles.
Martín Durante, investigador del INTA Concepción del Uruguay, explicó que la combinación permitió simplificar muestreos y estimar el stock de pasto a escala predial. “La metodología se basó en integrar tres fuentes de información: las imágenes del satélite Sentinel-2, las mediciones de biomasa realizadas en puntos seleccionados del campo y el conocimiento de las características y el manejo de cada establecimiento”, señaló.
A partir de las imágenes se calculan índices espectrales que relacionan la respuesta de la vegetación con la biomasa medida a campo. Con esos datos se ajustan modelos para estimar la disponibilidad de forraje en el resto de la superficie.
La investigación evaluó 68 índices espectrales a partir de registros de 46 fechas de muestreo en pasturas templadas de la Unidad Integrada Balcarce, conformada por el INTA y la Universidad Nacional de Mar del Plata, y también exploró pastizales naturales de la región del Río de la Plata, con 11 fechas de muestreo en cinco sitios de Argentina y Uruguay, entre ellos Concepción del Uruguay y Gualeguay, en Entre Ríos.
Los resultados mostraron que la precisión depende de la información satelital y de la selección adecuada de los puntos de calibración. La presencia de arbustos, la acumulación de material vegetal seco y las diferencias de manejo pueden modificar la relación entre la respuesta espectral y la biomasa.
Durante afirmó que la información satelital aportó continuidad espacial y permitió ponderar la superficie ocupada por cada ambiente; las mediciones de campo transformaron la respuesta espectral en biomasa cuantitativa; y el conocimiento del establecimiento permitió reconocer e interpretar situaciones que no podían inferirse únicamente a partir de la imagen.
Las imágenes no reemplazan el conocimiento del establecimiento ni las mediciones a campo: su potencial está en complementar esa información y permitir que pocas observaciones estratégicas sirvan para estimar forraje en una superficie mayor. Además, el equipo elaboró una aplicación web piloto que integra índices espectrales de Sentinel-2 con mediciones de biomasa para generar mapas de disponibilidad de pasto a escala de establecimiento.
Los avances se presentarán en Caravana Pampa 2026, una iniciativa regional que recorrerá establecimientos de Brasil, Uruguay y Argentina para promover el intercambio entre ciencia y producción en campo natural. El dato clave no es solo la tecnología: es la posibilidad de tomar decisiones de manejo con más información, sin volver a medir todo el campo.


