La zafra de citrus volvió a poner sobre la mesa un circuito que mezcla comida, alcohol, droga y trabajo en negro. El sindicato lo denuncia con fuerza y, además, muestra dos procedimientos que encontraron estupefacientes en colectivos que trasladaban cuadrillas.
Según Amaro, interventor del sindicato, en la cosecha de citrus a los obreros les pagaban con comida y, en algunos casos, con alcohol. “Muchas veces, antes de arrancar, les dan alcohol, alimentos y les descuentan de la paga”, sostuvo.
Amaro admitió que los cosecheros no son afiliados al sindicato. La detección de estupefacientes se produce en un área donde, según describió, la informalidad es casi absoluta.
El 9 de octubre, en un control vehicular en la ex Ruta 4, se secuestraron cocaína y marihuana. En el operativo se detuvo a un hombre y se identificó a otros dos.
En una de las inspecciones, un hombre llevaba envoltorios blancos de plástico en la billetera. Las pruebas confirmaron que contenían cocaína fraccionada, presuntamente destinada a la venta.
El 19 de octubre, la Policía interceptó un colectivo que trasladaba trabajadores de cosecha en inmediaciones de Ruta 4 y calle Juana Duarte, en uno de los accesos al barrio El Silencio de Concordia. La encargada de la cuadrilla llevaba 60 envoltorios de cocaína ocultos dentro de un preservativo introducido en sus partes íntimas.
Un perro detector fue clave en ese caso. Cuando el sindicato se enteró del primer procedimiento, acudió al fiscal interino del Juzgado Federal, Francisco José Bernhardt, para presentarse como querellantes.
El funcionario judicial explicó que ya venían trabajando en la causa con la jueza federal Analía Ramponi. Por eso, el sindicato buscó un frente más amplio con la Secretaría de Trabajo de la provincia, la Secretaría de Justicia de la Nación y la Municipalidad.
De esa mesa salió un compromiso: el 27 de noviembre, desde las 11, se hará un taller para empleados de cosecha sobre trata de personas y consumos problemáticos en el polideportivo municipal Víctor Oppel. A la tarde, la actividad se repetiría en Chajarí.
Para el interventor, los capataces de las cuadrillas, quienes según Amaro reparten estupefacientes, se aprovechan de personas en situación vulnerable y agravan sus problemas. “La droga es transversal. Está en todos lados”, dijo Amaro, y pidió más controles y procedimientos para desbaratar el narcomenudeo y los “kioscos”.
Amaro recordó que los cosecheros deben llegar a su hogar y comprar leche, alimentos, entre otras cosas. Pero retornan casi sin paga, dijo.
La cosecha de citrus se mueve en una especie de limbo legal. Amaro describió que los cosecheros se suben a un colectivo sin saber a dónde van a trabajar y que las cuadrillas no figuran en ningún lado.
Allí entra el rol del empresario y del propietario de las quintas, que contrata a “empresas” tercerizadas que, según el sindicato, no están inscriptas en ningún lado. “Desde el sindicato estamos tratando de ver la trazabilidad de ese trabajador”, señaló Amaro.
El secretario de Desarrollo Productivo de la Municipalidad de Concordia, Sebastián Arístides, realizó un censo para que la próxima zafra encuentre a los trabajadores “un poco más organizados”. Existe un decreto que contempla la inscripción de las tercerizadas, y la iniciativa necesita la colaboración de los productores en la contratación.
El sindicato también valoró los operativos de saturación en los barrios y los controles en las rutas. Para Amaro, esos procedimientos son “todos positivos” porque, en la práctica, todos los cosecheros que encuentran no están registrados.
La foto que emerge es incómoda: una zafra que, sin controles reales, termina mezclando vulnerabilidad, droga e informalidad. Si no hay trazabilidad, no hay forma de proteger a quien llega a trabajar sin saber a dónde lo llevan.


