El sable de gala de Justo José de Urquiza volvió a ser protagonista en Concepción del Uruguay, en el marco de los 225 años del nacimiento del general. La pieza histórica fue recibida por un colegio de la ciudad, en un acto que mezcló memoria, identidad y una de esas fechas que no pasan inadvertidas en la provincia.
¿Vos te imaginás un sable de gala en un colegio histórico? No fue una muestra cualquiera. Se trata de un objeto que carga peso simbólico, historia y una parte de la construcción nacional. Que un colegio lo reciba no es un dato menor: pone en el centro a la escuela, a la transmisión y a la pregunta de qué se quiere recordar de Urquiza.
Mario Lovisa, guía turístico, repasó el papel de Justo José de Urquiza en la historia argentina y lo volvió a poner en el centro de la conversación pública. Allí aparece un nombre que sigue vigente, no por la nostalgia, sino por el lugar que ocupó en la organización del país y en los debates que todavía hoy atraviesan a la política entrerriana.
La idea de organización nacional vuelve a ser clave. En un país que se fue armando entre luchas, acuerdos, rupturas y proyectos, la figura de Urquiza no se puede reducir a una postal: interpela, incomoda y obliga a mirar el pasado sin tapujos. Por eso, exhibir su sable en una escuela es también una forma de poner la historia en el aula.
El clima, sin embargo, le puso un contratiempo al día. El desfile fue postergado por el mal tiempo, uno de esos imprevistos que cambian el ritmo de un acto público y dejan la sensación de que la historia, a veces, también espera su momento. La postergación no borra la exhibición, pero sí deja pendiente una parte del recorrido.
La exhibición del sable de gala se inscribe en un aniversario que convoca a repensar el lugar de Urquiza en la memoria entrerriana. No es solo un homenaje: es una oportunidad para que la comunidad se acerque a un objeto, a un nombre y a una etapa de la historia argentina que sigue teniendo eco en el presente.
En Concepción del Uruguay, la fecha quedó marcada por la llegada de la pieza, por el relato de Mario Lovisa y por la postergación del desfile. El sable de Urquiza, ahora, no solo se exhibe: también obliga a mirar hacia atrás para entender cómo se fue tejiendo el país.


