Kicillof puso el dedo en la llaga: las PASO no son un detalle técnico, son la disputa por el sistema electoral. El gobernador de Buenos Aires salió a la cancha y le reclamó a la oposición que se arme para no dejar que el oficialismo cambie las reglas del juego. La advertencia llegó en plena carrera por la reelección de Milei.
Kicillof fue directo: “Desde que cayó Manuel Adorni, el Gobierno se está dedicando a una sola cosa, que es la reelección de Milei”. Según el mandatario provincial, el Presidente se habría juntado con consultores y encuestadores para buscar el camino más corto. En esa lógica, la eliminación de las PASO aparece como la jugada que más le sirve al oficialismo.
La frase que enciende el debate es dura: “Sacar las PASO es lo que beneficia a Milei”. Kicillof sostuvo que, cuando distintos sectores se reúnen, el punto de encuentro es evitar que las normas electorales queden supeditadas a los intereses del oficialismo. No puso nombres en ese encuentro, pero dejó clara la línea: no permitir que el calendario electoral se doble a una sola candidatura.
El contexto no es menor. El Gobierno, con la secretaria de la Presidencia Karina Milei y el jefe de Gabinete Diego Santilli, aceleró la estrategia para seducir a gobernadores aliados. El objetivo es comprometer los votos que el oficialismo necesita en el Congreso para sancionar la reforma electoral. La Mesa Política retomó el tema el martes último, con el reloj político apretando.
En el Senado, la lectura es más fría. Patricia Bullrich, líder de la bancada libertaria, ignora cuántos senadores acompañarían la propuesta y exige un acuerdo político para evitar un sinsabor en plena cámara. Santilli llevó confianza a la hermana del Presidente, pero el mapa de votos todavía no está cerrado. Ahí está el punto fino: una reforma electoral no se aprueba con un decreto, se aprueba con mayorías.
El miércoles, los tres gobernadores de la Región Centro, Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio, se expresaron en favor de eliminar las PASO. El argumento fue acotar el gasto en la política y evitar tener, en algunos casos, cinco elecciones en un mismo año. Para la oposición, esa misma coincidencia de gobernadores es la señal de que el tablero se está moviendo rápido.
El debate no es solo técnico. Kicillof también advirtió que la oposición no puede limitarse a esperar que la gestión libertaria fracase. “No alcanza con que a Milei le vaya mal para que en 2027”, planteó el gobernador de Buenos Aires. En esa lógica, la oposición tendría que construir una alternativa federal, con propuestas y con presencia, no solo con críticas.
La pregunta queda en el aire: ¿se está cambiando el sistema electoral para ganar una elección o para blindar una reelección? En 2027, el calendario no será un trámite: será la cancha donde se defina si el oficialismo puede reescribir las reglas del juego. Y en esa discusión, cada voto en el Congreso vale como una sentencia.


