lunes, septiembre 14, 2026
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Turismo en Concordia: “Algo estamos haciendo mal”

La pregunta lleva años flotando en el aire y nadie termina de responderla: ¿por qué Concordia, con aeropuerto, río, lago y dos complejos termales, no logra consolidarse como destino turístico? Quien la puso sobre la mesa esta vez fue Lapiduz, el nuevo presidente de la Asociación Hotelera y Gastronómica de Concordia (AHGC), con una honestidad que no abunda en el sector: “Algo estamos haciendo mal”.

Lapiduz tiene recorrido en el rubro. Más de 10 años en la AHGC, dos presidencias y un paso como coordinador de la FEHGRA para todo el Noreste Argentino. Cuando habla de turismo, habla desde adentro. Y lo que ve no lo entusiasma. El momento actual lo definió sin eufemismos: “muy jodido”. La ciudad sale cara para el turismo interno, el dólar no ayuda a atraer extranjeros, y la gente tiene poca disposición para gastar. A eso se suman incrementos impositivos, tarifas de servicios públicos en alza y locales que están cerrando.

Pero el diagnóstico más duro no apunta solo a la coyuntura económica. Concordia tiene menos de 3.000 plazas hoteleras. Federación tiene casi 13.000. “Al lado de otras ciudades mucho más pequeñas de alrededor, te diría que es casi vergonzoso”, dijo Lapiduz, sin pelos en la lengua. Y lo que duele más es que esas plazas “casi no se llenan”. La comparación con Federación y Colón, que crecieron exponencialmente en los últimos años, es inevitable y, según él, trasciende los colores políticos: algo mal se hizo, sin importar quién gobernó.

La lista de síntomas es larga. Hoteles cerrados, otros a la venta, y nadie que entre en la licitación del Hotel Ayuí. Mientras tanto, Federación está por inaugurar otro hotel cinco estrellas. “Tenemos que ver cuáles son las políticas en las cuales estamos errando y no somos atractivos”, planteó. Y tiró un dardo al costado: los rumores de que se está pensando en cambiar el logo de Concordia. “Esa no es una preocupación seria”, remató, dejando en claro que el problema es estructural, no de imagen.

¿La solución es bajar tarifas? Lapiduz descartó esa salida fácil. Los restaurantes ya ofrecen menú ejecutivo a $14.999 y considera que la ciudad tiene que sacarse el estigma de cara. El verdadero problema, dijo, es de dirección: “¿Adónde queremos ir? ¿Qué queremos ser como destino?”. Esa pregunta le corresponde responderla al sector público, que es quien define las políticas de fondo. El privado puede empujar, pero hay paredes estructurales que no puede romper solo.

Otro frente abierto es la tarifa eléctrica, que calificó de “carísima” y que las instituciones intermedias vienen peleando desde hace años sin respuesta satisfactoria. La lógica que propone es simple: más comercios, más fuentes de trabajo, más rentabilidad para el municipio. Si en cambio la presión impositiva aprieta al privado, el resultado es el contrario: menos recaudación y un destino que genera pocas expectativas. El plan que propone Lapiduz para revertir todo esto requiere al menos 20 años de trabajo sostenido, convicción política y, sobre todo, dejar de mirar para otro lado.

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