Hay una productora ganadera entrerriana que hace algo que pocos se animan: abrirle la tranquera al mundo. Mica Trocello vive y trabaja en la zona rural del departamento Paraná, y lo que empezó como una forma de mostrar su día a día se convirtió en una comunidad digital de más de 180.000 seguidores.
El motor es simple pero poderoso. “Hay mucha gente que no sabe de dónde viene su comida”, dice Mica, y en esa frase está todo el proyecto. En un tiempo donde el debate sobre el campo suele quedarse en los números de la soja o en las retenciones, ella elige otro camino: mostrar el trabajo real, la tierra, los animales, el barro y el esfuerzo de cada jornada.
Lo que hace Trocello no es marketing agropecuario ni propaganda del sector. Es algo más honesto y, por eso, más efectivo: contenido cotidiano que humaniza una actividad que para millones de argentinos urbanos es casi abstracta. El campo como concepto versus el campo como lugar donde alguien se levanta temprano, cuida animales y toma decisiones todos los días.
La productora habla de “sembrar ese granito de curiosidad”, y la metáfora es exacta. No pretende convencer a nadie de nada en particular, sino despertar una pregunta básica: ¿de dónde viene lo que como? Esa pregunta, en apariencia sencilla, tiene una cadena larga detrás, y Entre Ríos es parte central de esa cadena.
El fenómeno de Mica no es aislado. Hay una generación de productores y productoras que encontró en las redes sociales una herramienta para acortar la distancia entre el campo y la ciudad, entre quien produce y quien consume. Pero pocos lo hacen con la escala y la constancia que ella logró desde la ruralidad entrerriana.
Con más de 180.000 seguidores y una narrativa que no necesita efectos especiales ni ediciones elaboradas, Trocello demuestra que el campo tiene historias que valen la pena contar, y que hay un público enorme dispuesto a escucharlas.


