Dos disparos dentro de un centro de salud, con médicos, enfermeros y pacientes en el lugar. Ese es el hecho que le costó a Alberto Morales una condena de más de cinco años de prisión en Paraná, capital de Entre Ríos.
Morales fue condenado por balear al comisario Gastón Heinze en el interior del Centro de Salud Carrillo. Según se estableció en el juicio, el acusado le quitó el arma a otro efectivo policial y realizó dos disparos dentro del establecimiento, en un espacio donde convivían personal médico, enfermeros y civiles que nada tenían que ver con el conflicto.
La pena acordada fue unificada con una condena anterior que Morales ya tenía vigente, lo que determinó la cifra final de la sanción. El mecanismo de unificación es habitual cuando el condenado acumula causas penales abiertas, y en este caso resultó en una pena que supera los cinco años de encierro.
El hecho en sí habla de un nivel de violencia que resulta difícil de ignorar: desarmar a un policía y abrir fuego en un centro de salud no es un arrebato menor. Es un acto que pone en riesgo a decenas de personas que acuden a ese lugar a atenderse o a trabajar, no a exponerse al fuego cruzado. Que el blanco haya sido un comisario no cambia la gravedad de lo que ocurrió en ese pasillo.
Con la condena acordada, el caso queda cerrado judicialmente en Paraná, aunque la imagen de esos dos disparos dentro del Carrillo difícilmente se borre de la memoria de quienes estuvieron presentes aquel día.


