Una inversión millonaria, una disputa diplomática y un destino turístico en juego. Uruguay confirmó oficialmente que relocalizará la planta de hidrógeno verde que la empresa HIF Global proyectaba construir en Paysandú, a apenas tres kilómetros de la costa de Colón, uno de los principales destinos turísticos de Entre Ríos.
La noticia la dio el propio canciller uruguayo Mario Lubetkin, quien se reunió este miércoles en Montevideo con su par argentino, Pablo Quirno. La frase fue contundente: “El presidente de la República nos dio instrucciones precisas para relocalizar esa planta”. No hubo ambigüedad ni margen para la interpretación.
La decisión llega después de meses de gestiones por parte del Gobierno de Entre Ríos y las autoridades de Colón, que plantearon formalmente sus objeciones ante la Cancillería argentina. El reclamo no era contra la inversión ni contra la generación de empleo en Uruguay, sino contra el emplazamiento elegido: un punto a 15 kilómetros de Paysandú y a tres kilómetros de las playas entrerrianas, donde un complejo industrial de semejante escala hubiera generado un impacto visual y ambiental difícil de revertir.
El gobernador Rogelio Frigerio lo había dicho con claridad en su momento: “Se puede compatibilizar la industria con el turismo, siempre que se haga de manera ordenada y planificada y no se instalen industrias frente a las playas más concurridas de nuestra provincia”. La postura fue sostenida en distintas instancias y, finalmente, tuvo eco en Montevideo.
El proyecto de HIF Global no es menor: implica una inversión estimada en 5.385 millones de dólares y la producción de hasta 876.000 toneladas anuales de metanol elaborado a partir de hidrógeno verde. Una apuesta de envergadura global que, en su emplazamiento original, chocaba de frente con el paisaje y la economía turística de la costa entrerriana.
Todavía no se anunció oficialmente el nuevo emplazamiento, pero las autoridades uruguayas evalúan instalar el complejo en un predio de la petrolera estatal Ancap, dentro de una zona industrial de Paysandú, alejado del punto inicialmente proyectado. La solución, si se concreta en esos términos, permitiría que Uruguay avance con una inversión estratégica sin sacrificar el patrimonio turístico y ambiental de la orilla argentina del río Uruguay.
La confirmación de la relocalización cierra una etapa de tensión diplomática y abre otra: la del seguimiento concreto de dónde y cómo se instala finalmente el complejo, para que el acuerdo de palabra se traduzca en una decisión que respete tanto el desarrollo industrial como el ambiente y las comunidades costeras entrerrianas.


