El conductor no tenía adónde ir. La camioneta ya no respondía y la calle Dean J. Álvarez, en Paraná, se convirtió en un laberinto de vehículos detenidos y veredas angostas. Lo que pudo terminar en tragedia cerró, por suerte, sin heridos.
La secuencia fue de esas que quedan grabadas: el vehículo, de fabricación antigua, perdió los frenos mientras circulaba por esa arteria de la capital entrerriana. El conductor maniobró para esquivar los autos que tenía adelante, pero la inercia lo llevó directo a la vereda. En el trayecto derribó una reja y terminó impactando de lleno contra una Volkswagen Amarok que estaba estacionada.
El golpe fue lo suficientemente fuerte como para dejar daños materiales visibles, pero ninguno de los involucrados resultó con lesiones. Un desenlace que, dadas las circunstancias, bien puede considerarse afortunado.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que incomoda: ¿cuántos vehículos con serias fallas mecánicas circulan a diario por las calles de las ciudades entrerrianas? Una falla de frenos no es un accidente imprevisible; es, en la mayoría de los casos, el resultado de un mantenimiento postergado. Las consecuencias, esta vez, fueron solo materiales. No siempre la suerte acompaña.


