domingo, agosto 30, 2026
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Las fotos de un desaparecido de Salto Grande conmovieron a Concordia

Tenía cuatro meses cuando se lo llevaron. Soledad Nívoli creció sin su padre, buscó sus restos durante años y, cuando los encontró, se dio cuenta de algo que la sacudió por dentro: persiguiendo las huellas de su muerte había olvidado buscar las de su vida. Esa revelación fue el punto de partida de una noche que Concordia no va a olvidar fácilmente.

Anoche, en la sede de la CGT Concordia, se exhibió un ensayo fotográfico documental construido a partir de diapositivas de Mario Alberto Nívoli, ex trabajador de la represa de Salto Grande, secuestrado y desaparecido por la última Dictadura Cívico-Militar en 1977. Sus restos fueron identificados recientemente en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba. Pero las fotos que se proyectaron anoche no hablan de su muerte: hablan de su manera de ver el mundo.

Soledad, psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario, trabajó junto al fotógrafo Gustavo D’Assoro para revelar y ordenar esas diapositivas que su padre dejó. Lo que apareció fue una mirada singular: árboles, calles, flores, capturadas desde una sensibilidad que elude lo racional. No el registro de un aficionado cualquiera, sino una cosmovisión. Una forma de estar en el mundo que la dictadura intentó borrar y que su hija recuperó, con paciencia y con amor.

La sala de la CGT fue el escenario de una construcción colectiva. Hugo Cives, compañero de Mario en la Universidad de Ingeniería Química, tomó la palabra para trazar la semblanza de un hombre íntegro, y su relato fue un regalo para Soledad y para todos los presentes. En un momento de la noche, un apagón dejó la sala a oscuras, pero los discursos y los recuerdos siguieron igual. La luz volvió dos veces. La metáfora estaba ahí, disponible para quien quisiera tomarla.

El acto fue un ejercicio de memoria desde el arte: sin pancartas, sin consignas, con diapositivas y emoción. Soledad citó a Fernando Ulloa, el psicoanalista que definió la ternura no como un afecto blando sino como una forma subversiva de resistir la barbarización del mundo. Esa ternura estaba en las fotos de Mario. Estaba también en los ojos de su hija mientras hablaba.

El homenaje a Mario Alberto Nívoli quedó inscripto en la memoria de quienes lo vivieron como un acto de justicia poética: la vida de un hombre contada a través de su propia mirada, devuelta a la luz décadas después por la hija que no pudo conocerlo.

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