Una decisión unánime y sin grietas: el Concejo Deliberante de Paraná aprobó que las calles del barrio 170 Viviendas, en el sur de la capital entrerriana, lleven los nombres de los tripulantes del ARA San Juan, el submarino que desapareció en noviembre de 2017 con 44 hombres a bordo.
La iniciativa busca que esos nombres no queden sepultados junto al silencio oficial que durante años rodeó la tragedia. Que un vecino, al doblar una esquina, lea el apellido de uno de esos marinos y recuerde que hubo personas reales, con familias reales, que murieron cumpliendo su servicio a la patria.
El homenaje en el tejido urbano tiene un valor simbólico que pocas cosas igualan: las calles no se archivan, no se guardan en un cajón, no se olvidan en un acto oficial. Se caminan todos los días. Se las nombra para pedir un delivery, para dar una dirección, para orientar a un desconocido. En ese gesto cotidiano vive la memoria.
La aprobación por unanimidad en el cuerpo deliberativo marca además que, al menos en este punto, la política local pudo ponerse de acuerdo. No es un dato menor en tiempos donde el consenso escasea.
El ARA San Juan se hundió el 15 de noviembre de 2017 en el Atlántico Sur. Los restos del submarino fueron hallados un año después, a casi 900 metros de profundidad. Las causas exactas del hundimiento y las responsabilidades institucionales fueron objeto de investigaciones judiciales que se extendieron por años, con las familias de los tripulantes reclamando verdad y justicia en cada instancia.
Con esta ordenanza, el barrio 170 Viviendas de Paraná se convierte en un mapa de la memoria: cada calle, un nombre; cada nombre, una historia que la ciudad eligió no dejar morir.


