lunes, agosto 24, 2026
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Una apícola familiar canadiense, al borde de la quiebra por los aranceles de Trump

Setenta años de historia apícola, tres generaciones de una misma familia y un modelo de negocio que funcionó durante décadas. Todo eso está hoy en jaque por una decisión política tomada en Washington. Podolski Honey Farms, fundada en 1954 en la provincia canadiense de Manitoba, advirtió que se encuentra al borde de la quiebra tras la entrada en vigor de los nuevos aranceles masivos impuestos por Estados Unidos sobre productos canadienses.

La medida del gobierno estadounidense estableció un arancel del 50% sobre bienes canadienses valuados en 28.000 millones de dólares, golpeando de lleno a la miel natural. Para esta empresa familiar, el número es letal: aproximadamente el 90% de su producción total se exporta al mercado norteamericano. Sin ese canal, no hay negocio posible.

Osee Podolsky, gerente general de la compañía, fue contundente: “Prácticamente estamos fuera del negocio. Si los aranceles no se levantan, no puedo darme el lujo de vender con este tipo de tarifa; me iría a la quiebra”. No es una queja de empresario acostumbrado a los vaivenes del mercado: es la descripción de un colapso inminente.

El timing del golpe no pudo ser peor. La cosecha de miel de verano concluye habitualmente hacia mediados de agosto, momento en que la planta empaqueta el producto en barriles para iniciar en septiembre su ciclo principal de ventas hacia Estados Unidos. Podolsky relató que, en los días previos a la activación del arancel, vivieron una “carrera desesperada” para enviar todos los barriles disponibles antes de que la barrera aduanera se cerrara. El remanente que quedó sin salida no tiene destino claro.

Volcar toda esa producción al mercado canadiense tampoco es solución: si todos los apicultores del país hacen lo mismo, el resultado sería una saturación del mercado local y una “carrera hacia el fondo” en los precios, según advirtió el propio Podolsky. Las pequeñas y medianas empresas familiares, sostuvo, son los “daños colaterales” indefensos en el fuego cruzado entre la política arancelaria de Donald Trump y la respuesta del primer ministro canadiense Mark Carney.

Las negociaciones bilaterales colapsaron cuando Washington exigió, entre otras cosas, concesiones sobre las normativas de protección del idioma francés en Canadá y limitaciones a la capacidad soberana de Ottawa para firmar tratados comerciales con terceros países. Carney consideró que Estados Unidos “pidió demasiado y ofreció demasiado poco” y se levantó de la mesa. Canadá anunció que responderá con aranceles retaliatorios dólar por dólar a partir del 7 de septiembre, tras el festivo del Día del Trabajo.

Mientras la política sigue su curso, la familia Podolsky planea cumplir con los contratos locales pendientes y reunirse con sus contables para definir si la granja que su abuelo fundó hace más de 70 años podrá resistir los próximos meses. La respuesta, hoy, no es alentadora.

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