El Gobierno de Javier Milei llegó a esta semana con el último crédito político disponible antes de las elecciones y lo gastó todo de un saque. La derrota en el Senado con la ley de inviolabilidad de la propiedad privada —que perdió tres de sus seis capítulos originales— no fue solo una derrota legislativa: fue la señal de que el modelo de gobernabilidad que venía sosteniendo el oficialismo se rompió.
En menos de 24 horas, la mayoría de 44 senadores que el oficialismo exhibía como escudo se evaporó. “Así no se puede seguir, no cumplen nada”, se quejaba el viernes una senadora que hasta hace poco tenía buen diálogo con los libertarios. “La mayoría automática se terminó”, advirtió otro. No son frases menores: son el diagnóstico de un vínculo que se cayó a pedazos.
La radicalización del Presidente lo metió en un callejón sin salida. El todo o nada que caracteriza su estilo terminó dejándolo expuesto no solo ante la oposición, sino ante sus propios aliados. La Iglesia, sectores militares, científicos y artistas estuvieron entre los principales detractores del proyecto. La política le abrió la puerta a la sociedad, y la sociedad entró con fuerza.
La interna del Gobierno tampoco ayudó. El jefe de gabinete, Diego Santilli, brilló por su ausencia durante el debate en el Congreso, algo inusual para las sesiones clave. La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, desconfía de Patricia Bullrich, a quien dejaron sola en la trinchera. Y la comunicación, que hasta hace poco centralizaba Santiago Caputo, tampoco apareció. No hubo guión, no hubo relato, no hubo nadie que tomara el proyecto como propio.
Con este panorama, la agenda del Gobierno en el Congreso se reduce a lo estrictamente indispensable. Lo más urgente es la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, que ya anticipa modificaciones. El Presupuesto 2027 y la reforma electoral también están en la lista, aunque esta última podría patear al año que viene —es decir, en plena campaña—, lo que genera más desconfianza entre los gobernadores. “Si estiran el tema al año que viene los tiempos dan para la suspensión de las PASO y nada más”, vaticina un senador. La posibilidad de avanzar con leyes ómnibus, en tanto, quedó descartada. El Gobierno que prometió 90 iniciativas legislativas este año enfrenta ahora el desafío de aprobar aunque sea una.


