martes, septiembre 29, 2026
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Segundo robo de cables en plaza Leonforte: quedaron tres luminarias a oscuras

Tres luminarias quedaron muertas en plaza Leonforte. El reclamo vuelve a sonar con fuerza: es la segunda vez que un robo de cables deja parte del espacio público a oscuras.

Según la vecinal Rocamora II, sustrajeron unos 60 metros de cable. La denuncia no es menor: no se trata solo de una pérdida material, sino de una luz que se apaga en el punto de encuentro de la comunidad.

Cuando roban cables, no roban solo metal: se llevan la visibilidad, la tranquilidad y la posibilidad de transitar un espacio público con dignidad. La pregunta queda en el aire: ¿por qué se repite en el mismo lugar?

La vecinal pide una cámara de seguridad como medida urgente. No es un capricho: es una herramienta básica para disuadir, registrar y dar pistas ante un hecho que ya se volvió recurrente.

Una plaza a oscuras no es un detalle menor: es una señal de abandono que se instala en el mapa de la ciudad. Cada luminaria apagada amplifica la sensación de que el lugar quedó desprotegido, justo donde la gente espera encontrarse.

El reclamo es simple y necesario: recuperar la luz, frenar el robo y dejar de repetir el mismo escenario. Si no hay respuesta concreta, la próxima vez la oscuridad va a ser aún más larga.

La repetición del hecho obliga a pensar en una respuesta más seria. No alcanza con reparar el cable y volver a cruzar los dedos: la oscuridad se convierte en un aviso para quienes buscan sustraer.

Una cámara no resuelve sola, pero cambia el escenario: deja de ser un lugar ciego y pasa a ser un punto vigilado. En una plaza, eso vale oro, porque la gente necesita sentirse acompañada por la luz y por la presencia.

El cable robado no es un simple material: es la vida de una luminaria, la sombra que impide caminar, la señal de que el espacio público se cuida o se abandona. Cuando falta, todo se vuelve más difícil.

La vecinal ya marcó el problema y pidió una medida concreta. Ahora toca que la respuesta no se quede en el papel: una plaza iluminada no es un lujo, es una forma de decir que el lugar importa.

Si el robo vuelve a repetirse, la pregunta será más dura: ¿quién responde por la luz que falta? Mientras tanto, cada noche a oscuras es una advertencia que no se puede seguir ignorando. La luz no es un adorno: es parte del derecho a transitar.

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