sábado, agosto 8, 2026
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La bajante llega, pero el miedo a lo que viene no cede en Concordia

El barro todavía está ahí, marcando paredes y aplastando el pasto del Parque Mitre. El agua del río Uruguay comenzó a bajar en Concordia, pero el alivio es parcial y provisorio: lo que viene podría ser bastante peor.

La semana pasada, seis familias debieron ser evacuadas de la zona del Arroyo Manzores y del galpón Ex Bagley. La Cooperativa Eléctrica desconectó aproximadamente 15 medidores de luz que abastecen a esas familias, a los locales de comida de la costanera, a los predios de los clubes Regatas y Pesca, a la Colonia de Vacaciones del CEC y a parte de la iluminación pública de la zona baja. Si la bajante se confirma, habrá que planificar la reconexión de a poco.

Pero el miércoles, tras una reunión del Comité de Operaciones de Emergencia, el intendente Azcue fue claro ante la prensa: los pronósticos sobre el fenómeno de El Niño «no son buenos». La creciente más importante del Uruguay, dijo, vendría entre septiembre y marzo, y podría llevar al río a 14,50 o 15 metros como mínimo. Eso no es un número menor: es el tipo de cifra que vacía kioscos, inunda locales y obliga a familias enteras a salir corriendo.

Ricardo tiene un kiosco en la esquina de avenida Costanera y Roque Sáenz Peña. Esta crecida, por ahora, no lo tocó. Pero el recuerdo de la última vez que el Uruguay se metió adentro de su local no se borra fácil. En aquella oportunidad, el río llegó a 13,95 metros y el agua alcanzó un metro de altura dentro del kiosco, a la altura del mostrador. Pintura, productos de limpieza, fletes para la mercadería: todo eso cuesta, y encima no siempre sale bien. «Los mismos que te llevan, te roban cosas», contó Ricardo. «Les das la confianza de que te la lleven a algún lado pero cuando te querés acordar, te faltan cosas».

El kiosquero vive de ese puesto. Es el único ingreso del hogar. Si cierra, no genera nada. Y si el agua se queda mucho tiempo, el daño no es solo económico: la humedad, la corriente, el tiempo bajo el nivel, terminan atacando la estructura. «Si está mucho tiempo bajo el agua, seguro que algo va a pasar», dijo, sin dramatismo pero sin ingenuidad.

El panorama de fondo tampoco ayuda. La costanera ya venía golpeada por la caída del consumo. Ricardo recuerda que antes trabajaba bien en temporada alta y eso le alcanzaba para pasar el invierno. Hoy, en temporada baja, solo tiene movimiento dos horas los viernes, sábados y domingos. Y en la última temporada de verano no llegó ni a la mitad de lo que vendía antes. «Encima acá la luz es carísima», agregó.

Días atrás, una publicación falsa en redes sociales aseguraba que la costanera estaba bajo agua. Era una fake news, pero igual atrajo curiosos al paseo. Los comerciantes miran ese fenómeno con desconfianza: mezcla de morbo y curiosidad que no genera ventas ni soluciones. Si los pronósticos de El Niño se confirman, la próxima temporada podría ser la más dura en años para quienes trabajan y viven en esa franja del río.

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