El discurso de Agustín Benegas Lynch en el Senado no solo incomodó a los aliados del Gobierno: también encendió la mecha adentro de La Libertad Avanza. Lo que empezó como una sesión para defender la ley de tierras terminó en una pelea interna que dejó al descubierto las grietas de un bloque que ya venía al límite.
Todo arrancó cuando Benegas Lynch respondió a la impugnación de la senadora Juliana Di Tullio, quien cuestionó su participación en el debate por ser dueño de una empresa dedicada a gestionar inversiones y ventas de tierras para extranjeros. El capítulo sobre venta de tierras ya había sido retirado del proyecto, pero el legislador libertario aprovechó su turno para descargar su bronca y responsabilizó del retroceso al “show mediático”, a la izquierda y a los “tibios del medio”. Esas palabras cayeron como una bomba entre los aliados que venían pagando el costo político de defender un proyecto impopular.
Patricia Bullrich había pasado toda la jornada negociando voto por voto para evitar una derrota mayor. Por eso, el discurso de Benegas Lynch fue recibido como un golpe propio. Según reconstruyeron fuentes parlamentarias, la exministra de Seguridad estalló contra el senador por dinamitar una negociación que ya venía al límite. “Nos hiciste perder los votos”, le habría recriminado, convencida de que las palabras del entrerriano terminaron de romper la frágil relación con los aliados que el oficialismo necesita para sobrevivir en la Cámara alta.
Benegas Lynch eligió el silencio. Minutos después de la votación, publicó un escueto mensaje en redes con una sonrisa de triunfo que contrastó con el malestar que había dejado entre sus propios compañeros de bancada. El gesto habló por sí solo.
La pelea dejó una advertencia clara para la Casa Rosada. Con apenas 21 senadores propios, La Libertad Avanza depende de esos mismos aliados a los que Benegas Lynch eligió llamar “tibios” desde el estrado. Llamarles así en plena sesión, cuando se los necesita para sumar mayoría, es un lujo que el bloque oficialista no puede darse. Después de una jornada cargada de reproches, el desafío del Gobierno ya no pasa solo por conseguir votos: también por reconstruir una relación que quedó seriamente dañada.


