El debate sobre la tierra no es nuevo, pero esta vez el tablero se inclina hacia un lado con fuerza. El proyecto impulsado por el Gobierno nacional propone eliminar los límites vigentes para la compra de tierras rurales por parte de inversores privados extranjeros, una movida que, de aprobarse, ubicaría a Argentina entre los países con menos restricciones de toda Sudamérica.
Para entender la magnitud del cambio, vale mirar qué hacen los vecinos. Brasil tiene una normativa que limita la adquisición de tierras rurales por extranjeros y exige autorización estatal cuando las compras superan ciertos umbrales o se trata de zonas estratégicas. La regulación brasileña apunta, entre otras cosas, a proteger la soberanía alimentaria y los recursos naturales en un país que es potencia agropecuaria mundial.
Uruguay, por su parte, aplica restricciones concretas: los extranjeros no pueden adquirir tierras rurales de manera directa sin cumplir requisitos específicos, y el Estado mantiene un registro detallado de la propiedad rural. La normativa uruguaya es considerada una de las más ordenadas de la región en materia de control territorial.
Paraguay, aunque históricamente más permisivo, también cuenta con marcos legales que regulan la extranjerización del campo, especialmente tras debates internos sobre la concentración de la tierra en manos foráneas que sacudieron al país en las últimas décadas.
El contraste es claro: si la iniciativa argentina avanza tal como está planteada, el país pasaría a operar con un esquema significativamente más abierto que el de sus tres vecinos directos del Mercosur. Los defensores del proyecto argumentan que atraerá inversiones y dinamizará el sector agropecuario. Los críticos, en cambio, advierten sobre los riesgos para la soberanía territorial y el acceso a recursos estratégicos como el agua y la tierra productiva.
El proyecto aún debe recorrer el camino legislativo, pero el debate ya está instalado y las comparaciones regionales muestran que la decisión no es menor: en un continente donde la tierra es poder, las reglas que se fijen hoy van a definir quién la controla mañana.


