miércoles, octubre 28, 2026
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Heces, cucarachas y carne en mal estado: clausuraron una carnicería en Concordia

El olor a putrefacción y las manchas verdosas en los cortes de carne dieron la señal final: la Carnicería El Gringo fue clausurada temporalmente en Concordia. El operativo se realizó este miércoles a las 11, con intervención de Bromatología Municipal, Comisaría 7° y Brigada Concordia. La escena no era para pasar por alto.

El comercio quedó en el ojo de la tormenta tras una inspección en inmediaciones de P. A. de Sarmiento y Saure. Los inspectores encontraron falta de higiene generalizada, heces de roedores y cucarachas en el establecimiento. Es el tipo de hallazgo que pone el cuerpo de cualquier persona que se imagine cruzando ese mostrador.

Lo que apareció en los cortes no deja dudas sobre el estado del producto: se encontraron carne vacuna y porcina con olor a putrefacción y manchas verdosas, indicios de deterioro. También se detectaron pollos embolsados vencidos y una res ovina sin sellos ni documentación que acreditara su procedencia. En un negocio de carne, esos detalles no son menores: son la línea roja.

Ante el cuadro, se decomisaron 138 kilos de productos cárnicos considerados no aptos para el consumo humano. Se labró el acta correspondiente y se dispuso la clausura temporal, con intervención de Bromatología e Inspección Municipal. El número no es un dato frío: son kilos de carne que no deberían haber estado a la venta.

Acá no alcanza con decir que fue un descuido: cuando un comercio que vende carne tiene roedores, cucarachas, productos vencidos y una res sin trazabilidad, el riesgo no es menor. La salud pública no se negocia con improvisación, y un control sanitario así no es persecución: es el mínimo para que la gente coma tranquila. La confianza del vecino se juega en cada corte, en cada bolsa y en cada estante.

El operativo se enmarca en tareas de control para garantizar condiciones sanitarias en comercios que elaboran y comercializan alimentos. La pregunta que queda en el aire es simple: ¿qué hubiera pasado si esos 138 kilos terminaban en una mesa familiar? Esa es la duda que ningún consumidor debería tener al comprar carne en el barrio.

También pesa la falta de trazabilidad: una res ovina sin sellos ni papeles no es un detalle administrativo, es una puerta abierta a la incertidumbre. En un rubro donde el origen del animal define la seguridad del producto, la ausencia de documentación complica el control y deja expuesta a la población. El procedimiento buscó cortar esa cadena antes de que llegara al plato.

No consta una versión del comercio. El seguimiento de las áreas municipales forma parte del procedimiento. Hasta entonces, la clausura temporal queda vigente y la comunidad espera que el control no sea un golpe de suerte, sino una política sostenida.

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