domingo, octubre 25, 2026
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En Paraná, el vino entrerriano ya no se vende solo: apuesta al enoturismo

"Tenés que ofrecer otros servicios de alta calidad", planteó Pablo Singerman en el Centro Provincial de Convenciones de Paraná. El economista y referente nacional e internacional del enoturismo, que posicionó al vino argentino en el mundo mediante el marketing, volvió a poner el foco en una idea que no es menor: el vino argentino no se sostiene solo en la botella.

Singerman, impulsor del plan nacional Argentina Tierra de Vinos y de la estrategia de marketing internacional Argentina Brinda, expuso en las VI Jornadas Nacionales de Turismo del Vino. Allí defendió que el sector vitivinícola de Entre Ríos tiene una oportunidad real de expandirse con una mirada integral del negocio.

Para el especialista, no alcanza con producir buenos vinos. También hay que invertir en servicios de calidad, construir una historia y ofrecer una experiencia que el visitante quiera vivir y recomendar. Ese relato, advirtió, puede convertirse en un impulso directo para la venta en las bodegas.

"El bodeguero que quiere encarar un proyecto de turismo del vino tiene que saber en dónde poner su dinero", señaló. La inversión, en su lectura, depende de dos decisiones: qué propuesta se ofrece y a quién se busca llegar. No es un gasto difuso: es una apuesta por comunicar el producto.

El contexto mundial no es simple. "El consumo de vino en el mundo está bajando, por un montón de motivos", advirtió Singerman. Pero describió un movimiento en sentido contrario en las visitas a bodegas: "Casi en la misma proporción que está bajando, está creciendo el mundo del turismo del vino".

Esa diferencia obliga a mirar más allá de la botella y a considerar el valor de las actividades que pueden desarrollarse alrededor. Hace 15, 20 o 25 años predominaban visitantes mayores de 40 o 45 años, conocedores del producto. Hoy, según Singerman, se incorporan jóvenes y gente que no conoce del vino, un dato que cambia la forma de diseñar la visita.

"Hoy se incorporan jóvenes y gente que no conoce del mundo del vino, no conocedores", afirmó. Ese público busca disfrutar, compartir una actividad y encontrarse con una propuesta que le genere emociones positivas. Conocerlo, remarcó, debe influir en la manera de organizar la visita y de contar la historia de cada establecimiento.

"Este es un datazo a la hora de las bodegas de diseñar sus relatos de los guías, sus historias", sostuvo. La calidad del servicio y la forma de comunicar lo que se hace pasan a formar parte de la experiencia, junto con el vino. No es un capricho: es una herramienta comercial.

Al trasladar ese diagnóstico a Entre Ríos, provincia en la que esta actividad estuvo prohibida por décadas, Singerman destacó la velocidad del crecimiento provincial frente a regiones de mayor tradición vitivinícola. "La provincia de Entre Ríos ya tiene 30 emprendimientos abiertos", expresó, al referirse a bodegas y viñedos que reciben turistas. Ese desarrollo se produjo en un tiempo "asombrosamente corto" en comparación con provincias como Mendoza y San Juan. Además, varios de esos proyectos trabajan con alta calidad en turismo del vino.

No obstante, advirtió que este crecimiento se da en un contexto de fuerte caída de la rentabilidad. "Está muy fino el negocio del vino", sostuvo, y señaló que encuentra una rentabilidad más importante en la actividad turística vinculada a las bodegas. La visita permite incorporar ingresos y ventas que no dependen exclusivamente de los canales comerciales tradicionales, frente a una nueva tendencia en turismo.

"Están pudiendo salir a flote y teniendo rentabilidad gracias a los enoturistas", afirmó. Para Singerman, esa es una forma de sostener el negocio en un escenario de fuerte caída de la rentabilidad. A esa venta directa se suman otros servicios que amplían la actividad de los establecimientos.

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