martes, octubre 20, 2026
InicioPROVINCIAExportar huevos y bajar impuestos: el reclamo de una productora de Crespo

Exportar huevos y bajar impuestos: el reclamo de una productora de Crespo

En Crespo, donde la gallina ponedora es casi un símbolo de identidad, Mariela Gallinger plantea una discusión que va más allá del campo: la avicultura necesita abrirse al mundo y aliviar la presión impositiva.

La productora avícola, presidenta de la Filial de Federación Agraria Argentina de Crespo, describe a la actividad como “una actividad intensiva, familiar y estrechamente vinculada al territorio”. Para ella, vos no podés entender el sector sin trabajo, arraigo y una cultura que se sostiene de generación en generación.

Su establecimiento tiene unas 20.000 gallinas ponedoras y, aunque se lo mira como pequeño frente a granjas de 100.000, 200.000 o incluso un millón de aves, Gallinger subraya que las problemáticas son similares para todos. La diferencia de escala no borra la exigencia diaria: hay que garantizar alimentación, agua, iluminación, ventilación, temperatura y sanidad.

El dato técnico pesa: una gallina comienza a poner alrededor de las 20 semanas y mantiene su máximo nivel de producción durante aproximadamente un año y dos meses. En ese período, puede llegar a producir un huevo cada 17 horas. Es un reloj biológico que no se detiene; ¿vos podés parar una granja?

Gallinger destaca el crecimiento del consumo de huevos en Argentina y reconoce que la producción actual alcanza para abastecer el mercado interno. Pero también señala que existe un excedente que plantea un desafío: cómo seguir expandiendo la actividad sin quedarse en el mercado local.

Su apuesta es clara: desarrollar las exportaciones y reducir los impuestos que, según su mirada, encarecen la producción argentina frente a otros países. No es un reclamo menor: el huevo no viaja solo, arrastra detrás una cadena de valor que incluye productores, transportistas, talleres, metalmecánica, veterinaria, investigación, genética y elaboración de alimentos.

En ese mapa, el huevo industrializado, líquido o en polvo, aparece como una herramienta para facilitar la conservación y el uso en industrias alimenticias. Gallinger también menciona alternativas para aprovechar los excedentes, como su incorporación en alimentos balanceados para perros y gatos.

El peso de la actividad familiar es uno de los puntos más fuertes de su relato: cerca del 90 % de la actividad avícola tiene ese carácter, y muchas explotaciones pasan de generación en generación. Para la productora, eso sostiene empleos y movimiento económico en toda la comunidad, y también preserva la historia de los primeros pioneros.

Como presidenta de la Asociación Crespo Capital Nacional de la Avicultura, Gallinger pone el acento en transmitir esa identidad a las nuevas generaciones. Su reflexión final no es solo productiva: gira en torno a la “cultura del trabajo” como valor central para sostener la producción y el desarrollo del país.

La preocupación por los jóvenes que emigran por falta de oportunidades también atraviesa su mirada, aunque mantiene la esperanza de que puedan encontrar motivos para quedarse y construir su futuro en Argentina. En Crespo, la avicultura no es solo un negocio: es una forma de sostener familias, trabajo y territorio.

MAS VISTAS

NOTAS RELACIONADAS
Secured By miniOrange