martes, octubre 20, 2026
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El Paraná crece en Itatí, Corrientes: más de 300 evacuados y fe por la Virgen

En Itatí, Corrientes, la gente mira el agua como si fuera una frontera que no para de avanzar. La crecida del río Paraná ya dejó más de 300 evacuados y el pronóstico de lluvias para la noche del martes aprieta todavía más a una localidad de más de 12.000 habitantes.

En la calle, mirás el límite del agua como una obsesión. Marisa Rotela, de 56 años, lo dice con la voz de quien ya no le pide nada a los políticos: “Ella nos puede salvar, porque de los políticos no podemos esperar nada. Solo un milagro puede lograr que el río deje de crecer”. Su marido, sentado en una silla de plástico en la planta alta, toma mate como si nada ocurriera alrededor.

José Aurelio Roldán, jubilado de Prefectura, lo resuelve con tres palabras: “Sigue subiendo”. Trabajó tres décadas con el río y, a dos cuadras de la basílica, ve cómo el agua cubrió viviendas de la zona más baja, en el barrio Ibiray. El muelle del pequeño puerto, usado para cruzar mercaderías desde Itá Corá, en Paraguay, quedó bajo el agua: solo asoma una baranda blanca.

La situación se agravó por el desborde del arroyo Jaguarón, que inundó un estero bajo y permitió que el agua entrara por detrás de las viviendas. Roldán señala hacia el sur y explica que el Paraná alcanzó los 8,25 metros este martes. En el Ibiray, familias humildes levantaron sus casas, muchas veces con sus propias manos, sobre terrenos fiscales: es un sector bajo que, cuando el río crece, termina inundado.

Desde el fin de semana pasado, los vecinos se mueven en bote por las calles. La mayoría rescató lo más valioso, pero la crecida también provoca pérdidas. En un tractor de doble cabina, empleados municipales trasladan a los últimos evacuados; en un acoplado, la familia Ramírez lleva tres colchones, una mesa, cuatro sillas y una heladera cubierta con frazadas. Hay personas sin lugar para dormir, alojadas en el Promecero, un centro precario de unas 30 habitaciones pequeñas.

En ese espacio, cada habitación queda ocupada por una familia y, en algunos casos, conviven ocho o nueve personas. Es uno de los dos lugares habilitados para recibir evacuados, y las condiciones distan de ser las ideales. Eduarda Colman, de 25 años, lleva tres días allí con sus cuatro hijos y espera noticias de su hermana Alicia, madre de tres niños: “Como el agua subía rápido, nos trajeron acá, pero no la vi más a mi hermana. No tenemos más familia y tengo miedo de que la lleven a otro lugar”.

Itatí tiene una historia marcada por la Virgen, cuyo origen está ligado a un mito nacido en el mismo río que hoy genera angustia. Según la leyenda, la imagen reapareció a fines del siglo XVI sobre una piedra blanca y rodeada de luz. En este momento complejo, la Virgen de Itatí es destinataria de las plegarias de los vecinos, mientras el Paraná sigue creciendo y amenaza con nuevos evacuados.

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