No es una estadística abstracta: en Entre Ríos, hay chicos de 11 años que ya tienen contacto con el alcohol, los vapeadores y las pantallas de forma problemática. La provincia no mira para otro lado.
Pablo Cymbalista, director de Prevención y Control de Adicciones de Entre Ríos, puso en números el trabajo que se viene haciendo: la provincia ya lleva desarrollados más de 200 proyectos comunitarios y apunta a alcanzar los 250 en el corto plazo. No es un dato menor: habla de una política que intenta llegar al territorio, al barrio, a la escuela, antes de que el problema se instale.
Según explicó Cymbalista, las tres grandes preocupaciones que concentran la atención del área son el alcohol, los vapeadores y las pantallas. Tres consumos que, a primera vista, pueden parecer muy distintos entre sí, pero que comparten una característica preocupante: están normalizados socialmente, son accesibles y empiezan a aparecer cada vez más temprano en la vida de los chicos.
El alcohol sigue siendo el consumo más extendido y el que abre la puerta a otros. Los vapeadores, presentados durante años como una alternativa inofensiva al cigarrillo, hoy son una alarma sanitaria en toda la región. Y las pantallas, aunque no impliquen una sustancia química, generan patrones de dependencia que los especialistas ya equiparan con otras adicciones conductuales.
La estrategia provincial apuesta a la prevención comunitaria como eje central: trabajar con familias, docentes, organizaciones barriales y referentes locales para construir entornos que protejan a los más jóvenes. No es una tarea sencilla cuando la oferta de consumo llega antes que cualquier campaña.
El desafío es enorme, pero la dirección es clara: llegar antes, llegar más cerca y llegar con más proyectos. Los 250 proyectos que se proyectan son una meta concreta en un problema que no admite demoras.


