Tres problemas, un mismo protagonista: los jóvenes de Concordia. El Concejo Deliberante se convirtió esta semana en escenario de un debate que muchos venían postergando: qué pasa con los pibes cuando el empleo no aparece, la salud mental cruje y hasta la tradición estudiantil más querida de la ciudad tambalea por falta de plata.
El concejal Villalba abrió la sesión con una referencia a La noche de los lápices, el 16 de septiembre de 1976, cuando un grupo de jóvenes militantes fue secuestrado en La Plata, Buenos Aires, en los primeros meses de la dictadura cívico-militar. Según la CONADEP, los adolescentes habrían sido trasladados a centros clandestinos como Arana, Pozo de Banfield y Pozo de Quilmes, entre otros. Cuatro sobrevivieron; se presume que los restantes fueron fusilados en los primeros días de 1977. El recuerdo no fue solo homenaje: fue el marco para hablar de una juventud que hoy enfrenta otras formas de desamparo.
Uno de los temas que más tensión generó fue el futuro de la Fiesta de los Estudiantes. La ECU —la entidad que organiza el Ferro, la Elección de Reyes y el Desfile— salió a decir lo que muchos no querían escuchar: los costos son altísimos y no están llegando a cubrirlos. “Hace más de 60 años Concordia disfruta de una tradición que nos une”, escribieron, pero aclararon que sostenerla no es gratis ni sencillo. Detrás de cada evento hay 18 estudiantes de 17 y 18 años trabajando sin parar para que la tradición siga viva.
La situación derivó en una convocatoria que se viralizó rápido: bajo el lema “La tradición de Concordia está en riesgo”, padres, exalumnos y promociones actuales fueron llamados a concentrarse en la Plaza 25 de Mayo, frente a la Municipalidad, de 9 a 12, para exigir respuestas concretas al municipio. La presión sobre el intendente Azcue y su equipo es evidente: una tradición de medio siglo no puede depender solo del esfuerzo de un puñado de adolescentes.
El otro dato que cayó pesado en el recinto fue el del desempleo juvenil. Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA reveló que casi 7 de cada 10 jóvenes de entre 18 y 25 años están inactivos, desocupados o trabajan en la informalidad. Solo el 14,2 por ciento accede a un empleo formal. En un mercado laboral cada vez más precarizado, la posibilidad de construir un proyecto de vida estable aparece, para la mayoría de los jóvenes, como algo lejano y esquivo.
A ese panorama se suma la crisis de salud mental que atraviesa la franja etaria más joven, un problema que los propios concejales reconocieron como urgente y que todavía no tiene una respuesta institucional a la altura. El debate en el Concejo fue un primer paso, pero los jóvenes de Concordia necesitan algo más que sesiones: necesitan políticas concretas, presupuesto real y voluntad política sostenida en el tiempo.


