Cuatro de cada diez líneas de producción paradas. Ese es el retrato que dejó julio de 2026 para la industria argentina, según el informe de Utilización de la Capacidad Instalada en la Industria (UCII) que difundió el Indec. El sector manufacturero funcionó al 58% de sus posibilidades, con una caída de 0,2 puntos porcentuales respecto al mismo mes del año anterior. Y lo más preocupante: en el punto más alto de la serie 2026, en abril, el uso de la maquinaria no llegó ni al 60%.
El relevamiento abarca entre 600 y 700 empresas y mide cuánto de la capacidad máxima real de cada sector se está aprovechando. El resultado es una medianía que parece haberse vuelto estructural. Solo dos sectores muestran números para celebrar: Refinación del Petróleo, que opera al 89,9% gracias al récord de extracción de crudo, e Industrias Metálicas Básicas, que alcanzó el 71,8% impulsada por un alza del 15,3% en la producción de acero. Ambos están unos ocho puntos por encima del nivel del año pasado.
El resto del mapa industrial es otra historia. La Industria Automotriz perdió cinco puntos interanuales y opera al 39%. La Metalmecánica excluida Automotriz cayó casi 11 puntos y quedó en 38,3%. Los Productos Minerales no Metálicos bajaron ocho puntos y medio hasta el 48,6%. Caucho y Plástico está en 40,2% y Productos Textiles en 45,3%. Sectores enteros produciendo a menos de la mitad de lo que podrían.
Esos números se suman a otro informe reciente del Indec, igualmente lapidario: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPIM) marcó una caída de 4,9% interanual en julio, con una merma del 5% en la medición desestacionalizada mensual. De los 16 sectores relevados, 12 tuvieron descensos. En el acumulado enero-julio, la caída frente a los primeros siete meses de 2025 fue de 2,6%.
La tensión que generan estos datos llegó hasta el corazón de la Unión Industrial Argentina (UIA). Su presidente, Martín Rappallini, aprovechó el Día de la Industria, el pasado 2 de septiembre, para quejarse de la apertura comercial desmedida y reclamar medidas contra el contrabando, la subfacturación y el dumping. Según expuso, en algunos sectores los productos que entran por circuitos irregulares representan entre el 30% y el 50% del mercado. También pidió mecanismos de reprogramación de deudas bancarias y fiscales, y la suspensión extraordinaria de embargos por parte de la AFIP.
Más duro fue el vicepresidente de la entidad, Guillermo Moretti, quien habló de depresión del mercado interno y cuestionó la exhortación oficial a que los empresarios cambien de ramo: “Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica”, disparó. La respuesta del gobierno fue elocuente: deliberadamente no mandó representantes al evento. Ningún funcionario contestó las críticas. El silencio, en este caso, también es una posición.


