Por primera vez en su historia, el TCR South América eligió a Concordia como sede de una fecha. Y la ciudad respondió: hoteles ocupados, movimiento en el centro y una postal que pocas veces se ve en el autódromo local.
El evento reunió a equipos de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, lo que le dio al fin de semana un sabor claramente internacional. No fue solo una carrera: fue una vidriera para la ciudad y para toda la región del noreste entrerriano.
El gobernador Rogelio Frigerio y el intendente Alfredo Azcué destacaron el impacto generado por la llegada de la categoría. El movimiento hotelero, gastronómico y productivo que deja un evento de esta escala no es menor: cuando llegan pilotos, equipos técnicos, sponsors y fanáticos de cuatro países, la economía local lo siente de manera directa.
Que una categoría del nivel del TCR South América haya puesto sus ojos en Concordia no es casualidad ni capricho. Implica gestión, infraestructura y, sobre todo, la decisión política de apostar al automovilismo como herramienta de desarrollo turístico. La pregunta que queda en el aire es si esto fue un hecho aislado o el inicio de una relación más larga entre la categoría y el autódromo concordiense.
Por ahora, el balance es positivo. Concordia apareció en el mapa del automovilismo regional, y eso tiene un valor que va mucho más allá de los segundos que separan al primero del último en la grilla de largada.


