Casi dos meses. Eso lleva el proyecto de boleto sanitario gratuito para los trabajadores de la salud de Concordia sin que el Concejo Deliberante ni el Ejecutivo municipal le den una respuesta concreta. Mientras tanto, el colectivo urbano volvió a aumentar, el sistema público recibe más pacientes y buena parte del personal sanitario cobra menos de lo que necesita para llegar a fin de mes.
La iniciativa fue impulsada por la CTA Concordia y reunió más de 700 firmas de trabajadores de la salud. Fue presentada en el Concejo, derivada al Ejecutivo para que las áreas correspondientes emitan opinión y ahí quedó. Sin novedades. Sin tratamiento en el recinto. Durmiendo en comisión mientras la realidad avanza sin esperar a nadie.
Desde este martes, la tarifa plana del colectivo urbano cuesta $1.930. Para un trabajador que toma dos colectivos por día durante 22 días laborales, el gasto mensual trepa a $84.920. Si necesita cuatro viajes diarios, la cifra llega a $169.840. El servicio nocturno, además, sale $2.702. Para alguien que cobra $500.000 de bolsillo, solo el traslado puede representar entre el 17 y el 34 por ciento del sueldo.
Pero el boleto es apenas una pieza de un rompecabezas más oscuro. Desde el 1° de septiembre, el convenio entre el Sanatorio Concordia y PAMI dejó de funcionar. Unos 15.000 afiliados que tenían allí su cápita quedaron sin esa cobertura, y buena parte de esa demanda se está volcando sobre hospitales y centros de salud públicos que ya venían al límite. A eso se suma que en lo que va del año la provincia perdió unos 12.000 puestos de trabajo formal, y el 30 por ciento de esa caída corresponde a Concordia. Cada empleo perdido es una obra social que se cae, un paciente más que llega al hospital público.
Julio López, secretario general de la CTA Concordia, enfermero del Hospital Delicia Concepción Masvernat y delegado de ATE, lo describió sin vueltas en julio: «El personal de salud es un sector muy castigado hoy en día. No llega a fin de mes a cubrir las necesidades, está endeudado y hace bastante tiempo que no recibe aumentos salariales». Y fue más lejos: «Existen trabajadores que perciben alrededor de $500.000 de bolsillo, mientras que otros, luego de los descuentos por créditos y otras obligaciones, llegan a cobrar menos de $200.000. La gente se está endeudando para comer. No es para comprarse un auto o una casa; está pagando la comida en cuotas».
La imagen es dura: quienes sostienen el sistema de salud pública de Concordia están, muchos de ellos, por debajo de la línea de la pobreza. Atienden una demanda creciente, llegan al trabajo pagando un boleto que sube mes a mes y esperan que alguien en la Municipalidad o en el Concejo Deliberante encuentre tiempo para tratar una propuesta que ya tiene el respaldo de 700 firmas y que no requiere ninguna inversión extraordinaria para ser debatida. El proyecto sigue en espera. El sistema, no.


