Hay una frase que resume todo: “Si muchas personas empiezan a quedarse cómodas y que la IA les resuelva, podemos tener Wally”. La dijo Sergio Candelo, socio fundador y director de Operaciones de Snoop Consulting y expresidente de la Cámara de Empresas de Software (Cessi), y no fue un chiste. Fue una advertencia con nombre y apellido cinematográfico sobre hacia dónde puede ir la humanidad si se entrega sin pelear.
Candelo estuvo en Paraná para hablar con jóvenes que participaron de la Semana del Emprendimiento e Innovación, organizada por el Consorcio Afideer en Villa Libertador San Martín y la capital entrerriana. El mensaje central que trajo no fue tecnológico sino actitudinal: antes de hacer cualquier tarea, frenar y preguntarse por qué se hace de esa manera. “Tenemos que cambiar ese chip”, resumió.
Para el especialista, la irrupción de la Inteligencia Artificial desde la aparición de ChatGPT hace tres años y medio fue “un cambio muy violento” por la velocidad con que se instaló en todas las áreas de la sociedad. Y lo que viene no es más tranquilo. “2026 es el año que más cambios vamos a notar”, anticipó, aunque admitió con honestidad inusual para alguien del sector que no sabe cómo va a terminar este año ni qué va a pasar en 2027. Esa incertidumbre, viniendo de un experto, dice bastante.
Uno de los datos más contundentes que aportó tiene que ver con el mercado laboral tecnológico: según la encuesta de la Cámara de Software, por primera vez se registró una baja en el empleo del sector. No fue un estancamiento, fue una caída que ya marca tendencia. La IA no solo transforma la forma de trabajar; también está redibujando quién trabaja y cuántos.
Frente a ese panorama, Candelo rechazó la pasividad como respuesta. Quien deja que la IA resuelva todo sin cuestionar los resultados, advirtió, va a tener cada vez menos capacidad de raciocinio. El camino opuesto, en cambio, abre una posibilidad enorme: “Si yo soy el que domina la actividad, le pregunto, lo uso y son asistentes que me ayudan, creo que te recontra potenciás y pasás a ser un superhumano en realidad”. La diferencia entre uno y otro escenario no es tecnológica. Es una decisión.
El ejecutivo se describió como optimista, pero con condiciones. La IA puede ser una palanca extraordinaria para investigar, aprender y producir, siempre que el usuario mantenga el dominio cognitivo sobre la herramienta. Lo que no acepta es el conformismo disfrazado de modernidad: usar la tecnología para no pensar no es innovar, es rendirse. Y esa distinción, en un contexto donde la transición todavía no terminó y cada mes trae novedades que sorprenden hasta a los propios especialistas, es más urgente que nunca.


