No tiene edad, no distingue clase social ni género. El alcoholismo sigue siendo una de las enfermedades más silenciadas y, al mismo tiempo, más extendidas. Por eso, Alcohólicos Anónimos eligió salir a la calle en Paraná para que la conversación que muchas familias evitan tener empiece, al menos, en un parque.
La jornada se realizó en el Parque Gazzano y tuvo como objetivo central informar sobre el alcoholismo y dar a conocer los espacios de acompañamiento disponibles para quienes atraviesan esta enfermedad o conviven con alguien que la padece. La consigna fue clara desde el arranque: visibilizar, no estigmatizar.
“Es una enfermedad que no tiene edad”, remarcaron desde la organización, una frase que parece sencilla pero que carga con todo el peso de los prejuicios que todavía rodean al tema. Porque el alcoholismo no es un problema de voluntad ni una debilidad de carácter: es una enfermedad crónica, progresiva y tratable, y cuanto antes se reconoce, mayores son las chances de recuperación.
Alcohólicos Anónimos funciona desde hace décadas con un modelo de autoayuda entre pares: personas que atravesaron la misma situación acompañan a quienes recién están empezando a reconocer el problema. No hay jerarquías, no hay costos, no hay requisitos más allá del deseo de dejar de beber. En Entre Ríos, los grupos están distribuidos en varias ciudades y la demanda, lejos de bajar, se mantiene sostenida.
La apuesta por salir al espacio público en lugar de esperar que la gente golpee una puerta tiene su lógica: el primer paso para pedir ayuda es saber que la ayuda existe. Y ese primer paso, para muchos, es el más difícil. Jornadas como esta en el Parque Gazzano de Paraná sirven exactamente para eso: acortar la distancia entre quien sufre en silencio y quien puede acompañarlo.
Quienes quieran comunicarse con Alcohólicos Anónimos pueden hacerlo a través de los grupos locales presentes en la mayoría de las ciudades entrerrianas, donde se ofrecen reuniones abiertas y cerradas según la situación de cada persona.


