Lo maniataron, lo torturaron para arrancarle lo que tenía, y finalmente le descargaron tres golpes en la cabeza que lo mataron. Esa es la reconstrucción que la Fiscalía presenta sobre el crimen del arquitecto Rodolfo Bassi, uno de los casos más crudos que llegaron a juicio en Entre Ríos en los últimos tiempos.
Los acusados son Carlos Aguilar y Claudio Inofre. Según la acusación fiscal, la dupla actuó con un método que va mucho más allá de un robo que salió mal: primero inmovilizaron a la víctima, luego la sometieron a una sesión de tortura con el objetivo de robarle, y cuando ya no había más que extraer, los golpes mortales cerraron el cuadro. Tres impactos en la cabeza, suficientes para matar.
La figura de la tortura es central en la estrategia del Ministerio Público, porque agrava sustancialmente la calificación legal del hecho y aleja cualquier posibilidad de encuadrarlo como un episodio de violencia impulsiva o circunstancial. Para la Fiscalía, hubo planificación, ensañamiento y crueldad.
El caso Bassi conmocionó a la provincia desde el momento en que se conoció la muerte del profesional. La identidad de los imputados, la modalidad del crimen y el contexto del robo convirtieron al expediente en uno de los más seguidos de la agenda judicial entrerriana. Ahora, con la acusación formal desplegada, el juicio entra en su etapa más decisiva: la de probar ante el tribunal cada uno de esos extremos que la Fiscalía pone sobre la mesa.
Aguilar e Inofre enfrentan una acusación de enorme peso. Lo que el fiscal describe es un homicidio calificado con características que, de confirmarse en el debate oral, dejan muy poco margen para la defensa. El veredicto definirá si la versión acusatoria resiste el escrutinio del tribunal.


