miércoles, agosto 26, 2026
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“La situación es muy preocupante”: una médica argentina en el brote de ébola del Congo

Una persona fallecida cada 30 minutos. Ese es el ritmo al que avanza el brote de ébola en la República Democrática del Congo, según describió la médica argentina Carolina Nanclares, coordinadora de Médicos Sin Fronteras en ese país. La cifra no es retórica: son 24 muertes diarias en un escenario donde la velocidad del virus supera, por lejos, la capacidad de respuesta disponible.

El brote ya acumula más de 5.500 casos y dejó más de 2.600 muertos distribuidos en seis provincias. Con una tasa de letalidad que ronda el 50%, esta epidemia es la peor registrada en la historia del Congo y la segunda más mortífera a nivel global, solo por detrás de la crisis de África occidental de 2014-2016.

Nanclares llegó hace pocos días a Kisangani para dirigir un centro de tratamiento. Desde allí, describió el panorama con una frase que no deja margen para el optimismo: “La situación es muy preocupante”. Lo que agrava el cuadro respecto de brotes anteriores es la cepa involucrada: el virus Bundibugyo, una variante poco frecuente para la que no existe vacuna aprobada. “Esta es la tercera epidemia a nivel histórico de este virus”, precisó la especialista.

La comunidad internacional evalúa desplegar, bajo protocolos de investigación, la vacuna que sí fue aprobada para otro tipo de ébola durante la crisis de 2014-2016, aunque su eficacia frente a Bundibugyo no está confirmada. La ausencia de un tratamiento específico reduce aún más las herramientas disponibles para contener la transmisión y mejorar el pronóstico de los pacientes.

En el centro de tratamiento de Kisangani, el trabajo se organiza en zonas diferenciadas para minimizar el riesgo de contagio. El personal utiliza trajes integrales, guantes y mascarillas en cada contacto con pacientes infectados. Pero el momento más crítico no es la atención en sí: retirar el equipo de protección exige un cuidado extremo para evitar la contaminación. “No hay nunca cero riesgo”, advirtió Nanclares.

La epidemia comenzó en la provincia de Ituri y se extendió a múltiples áreas de salud. Para la coordinadora de Médicos Sin Fronteras, la solución no pasa únicamente por abrir más camas o centros de tratamiento. “No es solamente meter camas y centros de tratamiento, sino también tiene mucho que ver con el involucramiento y la participación comunitaria”, señaló. La desconfianza y los rumores dentro de la población funcionan como un obstáculo adicional que frena los esfuerzos de contención.

El contexto humanitario en el que se desarrolla el brote es, además, devastador por sí solo. Malaria, cólera, inseguridad, conflicto armado y desplazamiento de población se superponen con la emergencia del ébola y elevan la presión sobre equipos sanitarios que ya trabajan al límite. Nanclares reclamó más ayuda internacional y más actores con experiencia en este tipo de intervenciones. El mundo, por ahora, sigue mirando desde lejos.

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