El partido estaba en marcha, las jugadoras corrían la pelota, y de repente todo se detuvo. Detonaciones que sonaron cerca de la sede Plumín del Club Atlético Estudiantes de Paraná obligaron a las deportistas a interrumpir el encuentro y tirarse al piso para resguardarse. Lo que debía ser una tarde de hockey terminó convertido en un momento de pánico.
Los videos del episodio circularon rápidamente y muestran la escena: jugadoras en el suelo, el juego paralizado, y la tensión que se apoderó de la cancha en cuestión de segundos. No es un escenario que debería ser normal en ningún club deportivo, pero las familias presentes advirtieron algo que agrava el cuadro: las detonaciones no serían un hecho aislado. Según señalaron, los disparos se repiten con cierta frecuencia en el sector.
Que una actividad deportiva, con chicas en la cancha y familias en las tribunas, tenga que interrumpirse por balaceras en los alrededores habla de un problema de seguridad que excede a un club y apunta directo al barrio. ¿Cuántas veces más tiene que pasar antes de que las autoridades den una respuesta concreta?
Por ahora, el hecho quedó registrado en imágenes y en el relato de quienes estuvieron presentes. Las jugadoras, afortunadamente, no resultaron heridas. Pero la sensación de vulnerabilidad que dejó el episodio en Paraná es un dato que no debería pasarse por alto.


