Cuatro mil quinientos enfermeros y enfermeras del sector público y privado de Entre Ríos tienen nueva conducción, y la nueva comisión de la Asociación de Enfermería de Entre Ríos no llegó a administrar: llegó a pelear. Así lo dejaron claro desde el primer momento, con una agenda que pone en el centro la recuperación de derechos postergados y la construcción de una representación gremial que, según sus propias palabras, sea “la voz” del sector.
El colectivo de enfermería es uno de los más grandes y más castigados del sistema sanitario provincial. Trabajan en hospitales públicos y clínicas privadas, sostienen turnos extenuantes, y cargan con una exposición constante que no siempre tiene correlato en las condiciones laborales ni en el reconocimiento institucional. Que la nueva conducción haya puesto en su agenda la salud mental de los trabajadores no es un detalle menor: es una señal de que algo cambió en la lectura de lo que le pasa a este sector.
Entre los objetivos que presentó la nueva comisión aparecen el acompañamiento a los reclamos laborales concretos, la mejora en las condiciones de trabajo y la construcción de canales reales de representación para los afiliados. No es un programa nuevo en el papel, pero el tono con el que lo presentaron sugiere que la intención es diferenciarse de gestiones anteriores.
La pregunta que queda flotando es si la voluntad alcanza. Representar a 4.500 trabajadores distribuidos entre el ámbito público y el privado, con realidades muy distintas según el establecimiento y la zona de la provincia, es una tarea de enorme complejidad. Las paritarias, los conflictos por guardias, los problemas de infraestructura hospitalaria y el desgaste emocional acumulado tras años de pandemia y posposición son herencias pesadas.
La nueva conducción de la Asociación de Enfermería de Entre Ríos deberá demostrar en los próximos meses que la representación que promete tiene músculo real para negociar y capacidad para llegar a cada trabajador, en cada rincón de la provincia.


