No frenó, no giró, siguió derecho. El conductor de una camioneta Toyota blanca ignoró la rotonda de acceso Carlos Fuertes de Villaguay y terminó con el rodado incrustado en el guardarraíl. El resultado: un vehículo destruido y un número que lo dice todo.
El test de alcoholemia arrojó 2,36 gramos de alcohol por litro de sangre, más del doble del límite permitido para conducir en Argentina. No es un margen, es una decisión: subirse al volante en ese estado es apostar con la vida propia y con la de cualquiera que estuviera en esa ruta.
El hecho ocurrió en las inmediaciones de la rotonda de acceso a Villaguay, un punto de ingreso conocido y transitado. A esa velocidad y con esa carga de alcohol en el cuerpo, el conductor no tenía chances de maniobrar. La camioneta quedó incrustada contra la estructura de contención, que cumplió su función: evitar que el vehículo siguiera su trayectoria fuera de la calzada.
El accidente no dejó víctimas fatales reportadas, pero el margen fue estrecho. Con 2,36 g/l, la capacidad de reacción, la visión y el juicio están gravemente comprometidos. Cualquier peatón, ciclista o vehículo que hubiera cruzado en ese momento habría pagado las consecuencias de una decisión ajena.
Las autoridades intervinieron en el lugar y el conductor quedó a disposición de la Justicia. El procedimiento de rigor incluye la retención del vehículo y las actuaciones penales correspondientes por conducción en estado de ebriedad, figura que en Entre Ríos puede derivar en prisión preventiva según las circunstancias del caso.


