Estaba haciendo su trabajo de siempre, removiendo un cielorraso, cuando apareció algo que no esperaba nadie: una granada de gas lacrimógeno, en condiciones de uso, escondida entre los materiales de una vivienda de Concordia.
El hallazgo se produjo durante tareas de albañilería en el interior de la casa. El trabajador dio aviso de inmediato y el operativo no tardó en montarse. Personal especializado se hizo presente en el lugar, confirmó que el artefacto era funcional y procedió a retirarlo de forma segura.
El dato que no es menor: una granada de gas lacrimógeno en condiciones de uso no es un souvenir ni una pieza de colección. Es un artefacto que, en las manos equivocadas o ante una manipulación descuidada, puede causar daño real. Que aparezca empotrada en el cielorraso de una vivienda particular abre preguntas que, por ahora, no tienen respuesta pública: quién la puso ahí, cuándo y con qué propósito.
La intervención del personal especializado permitió que el episodio no pasara a mayores. El artefacto fue retirado del domicilio sin que se registraran heridos ni incidentes durante el procedimiento.


