Una tormenta que duró horas dejó una herida que todavía no cierra. El 18 de julio a la madrugada, ráfagas de viento e intensa lluvia golpearon especialmente la zona norte y noreste de Concordia, destruyendo techos, vidrieras y mercadería, y dejando a cientos de vecinos y comerciantes sin luz por más de doce horas. Ahora, semanas después, el debate es si las medidas tomadas alcanzan para reparar el daño.
El 21 de julio, la Municipalidad de Concordia firmó el decreto N° 659/26, que establece un régimen excepcional de beneficios fiscales para los comercios afectados. La medida contempla la exención del 100% de la Tasa General Inmobiliaria correspondiente a julio y agosto de 2026 para los inmuebles perjudicados, más la condonación total de la Tasa Comercial durante el mismo período para los establecimientos cuya actividad fue afectada. Para acceder, los contribuyentes deben presentar una declaración jurada que luego será verificada técnicamente por las áreas municipales correspondientes.
El concejal Mauricio Rey (JxER) valoró la iniciativa y reconoció que desde el Ejecutivo se buscó aliviar la situación económica de quienes quedaron más golpeados. “Como no es poco, pero tampoco alcanza”, fue la frase que él mismo usó, y que resume con precisión el estado de ánimo del sector.
Porque la exención de tasas es un gesto, pero no es crédito. Y ahí está el nudo del problema. El titular del Centro Comercial, Industrial, de Servicios y Cultural (CCISC), Lampazzi, fue claro: la entidad no tiene herramientas para asistir crediticiamente a los afectados. “Creemos que desde el Estado tienen que activar estas herramientas. Estamos tratando de presionar de algún modo para que así pase”, indicó. La semana próxima, el CCISC tiene previstas reuniones con instituciones crediticias para explorar posibilidades concretas. El pedido también fue elevado a la provincia.
Uno de los casos que grafica mejor la magnitud del desastre es el de la fábrica de alfajores “La Maga”: el viento arrancó por completo el techo del establecimiento, destruyó portones y afectó materia prima, máquinas, documentación y elementos de packaging. Andreína Tomassi, propietaria, confirmó graves daños estructurales en el lugar donde se producen las golosinas. No es un caso aislado: en barrios como Villa Zorraquín y Osvaldo Magnasco, la voladura de techos, la rotura de vidrieras y la pérdida de mercadería por las horas sin electricidad fueron moneda corriente.
Pero hay otro universo de afectados que preocupa especialmente: los comercios chicos que no piden ayuda. Lampazzi lo señaló sin rodeos: muchos sufrieron pérdidas reales pero no están en ningún registro, no completaron formularios, no llamaron al Centro. “No están en el radar”, dijo. Y si no están en el radar, los beneficios fiscales tampoco van a llegar a ellos.
El relevamiento que lleva adelante la Secretaría de Desarrollo Productivo municipal apunta a dimensionar el impacto real, aunque desde el CCISC reconocen que los datos todavía son parciales. Mientras tanto, los comerciantes más pequeños siguen reconstruyendo solos, esperando que el Estado encuentre la forma de llegar con algo más que una exención de dos meses.


