El cargo cambió de manos, pero los problemas siguen siendo los mismos. Peruchena asumió como nuevo director de Tránsito luego de que su antecesor, Galli, anunciara su renuncia por redes sociales el viernes pasado alegando motivos personales. El nuevo titular viene de conducir el área de Educación Vial, donde se dictan los cursos previos a la obtención del carnet y se llevan las capacitaciones a los barrios para facilitar el acceso a la licencia.
Peruchena arrancó con diagnóstico propio y sin eufemismos: la gente “omite, desconoce o no le da importancia a la educación vial”. Admitió que multiplicaron los cursos pero que falta mucho por hacer. La prioridad declarada es reforzar los controles en la vía pública, aunque el panorama de recursos humanos no es el más holgado: a principios de año, el Ejecutivo municipal decidió no renovarle el contrato a varios inspectores, dejando el plantel más ajustado. El nuevo director dijo que con lo que tienen van a dar el máximo, y que los números les alcanzan para cumplir los objetivos. La afirmación suena a optimismo obligado.
Uno de los focos más urgentes es el uso del casco en motociclistas. No es un problema exclusivo de los barrios periféricos: en cualquier esquina de la ciudad, de cada diez motos que pasan, al menos dos o tres circulan sin el elemento protector. Algunos lo llevan en la mano, listo para ponérselo si aparece un inspector. Lo más grave son las situaciones con menores: motos con tres personas a bordo, muchas veces dos chicos sin casco entre dos adultos que tampoco lo usan. Peruchena señaló que esa escena se repite en las puertas de las escuelas, y anunció un trabajo de concientización con padres en los establecimientos educativos antes de pasar al control duro.
El costo de la desaprensión quedó en evidencia el pasado 7 de junio, cuando un joven de 20 años murió tras un violento choque entre una moto y un auto en la intersección de Carriego y San Juan, a una cuadra de la propia Central de Tránsito. No llevaba casco. El conductor del vehículo, de 65 años, dio positivo en alcoholemia con 2,18 gramos de alcohol por litro de sangre, más de cuatro veces por encima del límite permitido. Un número que no necesita adjetivos.
El alcohol al volante es el otro frente que la nueva conducción deberá enfrentar con decisión. Peruchena también mencionó el uso del celular mientras se maneja como un problema concreto que genera accidentes, y adelantó que los controles apuntarán a esos tres ejes: casco, cinturón y teléfono. El desafío no es nuevo, pero sí urgente: la ciudad sigue esperando que el área de Tránsito pase de la concientización a la presencia real y sostenida en la calle.


