Donde antes sonaba la música del boliche, ahora hay libros, talleres de danza y clases de apoyo escolar. El SUM del barrio El Silencio fue recuperado por el municipio y transformado en una biblioteca barrial, en un cambio que dice mucho sobre el estado en que estaban los espacios comunitarios de la ciudad.
Las tareas de recuperación incluyeron el retiro de toda la estructura y ornamentación del boliche, la refacción de los sanitarios, mejoras en la iluminación y la adecuación del escenario para actividades culturales. También se acondicionó un aula para talleres y un sector destinado a capacitaciones y encuentros comunitarios. No fue una pinturita rápida: fue una transformación de fondo.
La nueva biblioteca forma parte del Programa de Bibliotecas Municipales que lleva adelante la Subsecretaría de Educación y Cultura. En el espacio también tienen lugar actividades impulsadas por la Iglesia Evangélica Bautista “Jesús es Rey”, que organiza talleres de danza, panadería y repostería, apoyo escolar y una escuela de fútbol. Un combo de oferta comunitaria que el barrio claramente necesitaba.
Desde el municipio señalaron que este es uno de los nueve salones comunitarios recuperados desde el inicio de la gestión actual. Según explicaron, esos espacios se encontraban abandonados, vandalizados o eran utilizados para fines completamente distintos a los que fueron pensados originalmente. Nueve salones en ese estado no es un dato menor: habla de años de desidia acumulada que ahora, de a poco, se intenta revertir.
El desafío que viene es sostener lo que se pone en marcha. Recuperar un espacio es el primer paso; mantenerlo activo, con programación y presupuesto, es donde suelen caerse estos proyectos. El barrio El Silencio tiene ahora una biblioteca y un centro de actividades comunitarias. Que siga siendo eso depende tanto de la gestión como del propio barrio.


