El Mundial trajo algo de alivio a algunas vidrieras de Paraná, pero no alcanzó para tapar una herida que sangra hace rato. Desde el Centro Comercial de Paraná reconocieron que el torneo generó un incremento en las ventas de ciertos productos, aunque se apuraron a ponerle límite a cualquier festejo: fue un “comportamiento puntual y sectorial”, dijeron, y aclararon que eso no equivale a recuperación.
La foto de fondo es dura. Alrededor de 120 negocios ya cerraron sus puertas en el microcentro y sus alrededores. No es una estadística abstracta: son persianas bajas, locales vacíos y familias que perdieron su fuente de ingreso. El Mundial llenó góndolas de camisetas, pantallas y artículos de consumo específico durante unas semanas, pero no cambió la ecuación de fondo que asfixia al comercio minorista.
El diagnóstico que hacen los propios comerciantes es claro: la crisis continúa. El repunte fue real pero acotado, concentrado en rubros puntuales vinculados al evento deportivo, y no derramó sobre el resto de la actividad. Cuando termina el partido, vuelve la realidad: costos que no bajan, consumo que no se recupera del todo y una cantidad de locales que no aguantó la espera.
El dato de los 120 cierres en el microcentro parañense es una señal de alerta que los propios referentes del sector no ocultan. Mientras el debate nacional gira en torno a indicadores macroeconómicos y señales de estabilización, en la calle la historia que cuentan las persianas bajas es otra. La recuperación del comercio minorista, si llega, todavía tiene un largo camino por delante.


