Una compañera salía a las diez de la noche del hospital y se iba caminando hasta barrio Fátima porque no tenía plata para el colectivo. Entre todos le juntaron algo para que pudiera volver a casa. Esa escena, contada sin dramatismo pero con el peso de lo cotidiano, resume mejor que cualquier estadística lo que está pasando con los trabajadores de la salud en Concordia.
El proyecto de ordenanza para crear un boleto gratuito para el personal sanitario ya inició su recorrido en el Concejo Deliberante y podría analizarse en comisión una vez que termine el receso legislativo. La iniciativa llegó con el respaldo de más de 700 firmas de trabajadores del sector y apunta a garantizar el acceso sin costo al transporte urbano para quienes trabajan en hospitales, clínicas, sanatorios, centros de salud y establecimientos asistenciales, tanto públicos como privados. El universo es amplio: profesionales, enfermeros, técnicos, administrativos, personal de limpieza, mantenimiento, seguridad, choferes y auxiliares.
El financiamiento vendría de un Fondo Municipal específico que se integraría con partidas del Presupuesto General, aportes o subsidios nacionales y provinciales destinados al transporte, y recursos de programas municipales de movilidad urbana que el Ejecutivo determine.
Pero para quienes empujan el proyecto, el boleto es apenas la punta del iceberg. Julio López, secretario general de la CTA Concordia, enfermero del Hospital Delicia Concepción Masvernat y delegado de ATE, no le esquiva a los números: hay trabajadores que cobran alrededor de $500.000 de bolsillo, y otros que, después de los descuentos por créditos y obligaciones, se llevan menos de $200.000. En ese contexto, un gasto de transporte de $100.000 mensuales no es un detalle menor: es casi la mitad del sueldo de los que menos cobran.
«La gente se está endeudando para comer. No es para comprarse un auto o una casa; está pagando la comida en cuotas», dijo López. La frase no es metáfora: es la descripción literal de lo que ocurre en muchos hogares del sector.
El problema del transporte se agrava por la modalidad de trabajo en guardias rotativas. El colectivo no siempre circula cuando hay que entrar o salir, y eso obliga a muchos trabajadores a recurrir a remises o aplicaciones durante la madrugada, los fines de semana y los feriados, lo que dispara aún más el costo mensual. La trabajadora que caminaba de noche hasta barrio Fátima le dijo a López algo que no se olvida fácil: «Tengo que elegir entre pagar un colectivo o comprar un kilo de pan para mis hijos».
A la presión salarial se le suma otro factor que López señala con claridad: la salud pública está recibiendo cada vez más demanda porque una parte creciente de la población ya no puede sostener la atención privada. Más pacientes, mismo personal, sueldos que no alcanzan. El sistema se estira, y quienes lo sostienen lo hacen cada vez más cerca del límite.
«Esto no es un gasto; es una inversión. Es para que el trabajador pueda llegar a su lugar de trabajo y cuando un vecino tenga una urgencia encuentre al personal de salud donde tiene que estar», argumentó López ante los concejales del bloque justicialista. El debate en el Concejo Deliberante de Concordia recién comienza, pero la urgencia que describe el sector no espera el fin del receso legislativo.


