No es una crisis más. Es un desmantelamiento sistemático con números que ya no admiten eufemismos: la inversión estatal en ciencia y tecnología cayó 46,5% en tres años, y en 2026 el deterioro alcanzará el 8,8% adicional. El sistema científico argentino está siendo vaciado en tiempo real.
Así lo advirtió el Grupo EPC-CIICTI en su último informe de análisis presupuestario, que detalla cómo la Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional retrocedió un 2,7% en junio respecto al mismo período del año anterior, acumulando caídas del 29,7% en 2024 y del 16,5% en 2025. El resultado: la inversión pública en ciencia se ubica hoy en torno al 0,151% del PBI, muy lejos del 0,298% que se alcanzó en 2023 y a años luz del 0,52% que la suspendida Ley de Financiamiento de la Ciencia obligaba a garantizar para este año.
“La cifra se encuentra muy lejos del 0,298% alcanzado en 2023 y más aún de la estipulada por la suspendida Ley de Financiamiento de la Ciencia”, explicó Nicolás Lavagnino, director del Grupo EPC. El dato no es menor: esa ley fue suspendida por la actual gestión, y su incumplimiento no es un accidente, es una decisión.
El CONICET perdería 34,7 puntos reales de su presupuesto respecto de 2023, con una caída cercana al 8% solo en el período actual. Un organismo cuyo presupuesto se compone en un 96% de salarios y becas de formación no puede absorber ese golpe sin consecuencias directas sobre las personas. Pero el caso más extremo lo protagoniza la Agencia I+D+i, que perdió el 88,6% de su presupuesto real acumulado en el primer semestre comparado con 2023. Hoy funciona con apenas el 11% de los recursos que tenía al cierre de la gestión anterior.
La situación no es solo un problema de planillas. La Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales emitió un comunicado de “profunda preocupación” señalando dos hechos concretos: los despidos en la CNEA y la interrupción de los ingresos a la carrera de investigador en el CONICET. El vicepresidente de la institución, Galo Soler Illia, estimó que cerca de dos mil investigadores jóvenes abandonaron sus lugares y que los salarios cayeron entre 40 y 45% desde noviembre de 2023. Personas con 10, 15 o 20 años de formación, la mayoría con doctorados, quedan sin trabajo y sin perspectivas en el país.
“La ciencia y la tecnología constituyen políticas de Estado cuya continuidad trasciende los gobiernos. El deterioro de las capacidades humanas e institucionales construidas durante décadas compromete el desarrollo económico, la salud, la soberanía tecnológica y la capacidad de innovación de nuestro país”, advirtió la academia. Sobre la CNEA, organismo de referencia internacional en tecnología nuclear, la institución fue tajante: “El vaciamiento de la CNEA, impulsado por salarios de indigencia, es parte del desmantelamiento general del sistema”.
El reclamo no viene solo de los pasillos académicos. INTA, INTI, el Servicio Meteorológico Nacional y la CNEA vienen protagonizando protestas, cierres y denuncias públicas ante una realidad que ya no puede ocultarse con discursos de eficiencia. La fuga de cerebros que durante décadas Argentina intentó frejar con políticas activas hoy vuelve a acelerarse, y los que se van no suelen volver.


