miércoles, octubre 28, 2026
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Río Paraná: el INA no prevé evacuaciones, pero noviembre puede cambiar el cuadro

El río Paraná sigue subiendo, pero por ahora no hay evacuaciones. El dato que ordena la semana es simple: el INA no prevé niveles que obliguen a desalojar con el agua acumulada hasta ahora. La tranquilidad, sin embargo, no es definitiva.

El ingeniero hidrólogo Juan Borus explicó que el río va a seguir creciendo lentamente durante las próximas semanas. No es un salto brusco, no es una crecida de pánico: es una suba progresiva que obliga a mirar el río todos los días. En materia de agua, la paciencia del río no se negocia.

El punto fino está en noviembre. Las lluvias de la segunda quincena pueden modificar el escenario. Si el agua acumulada hasta ahora no alcanza para niveles de evacuación, el pronóstico de fin de mes puede cambiar la foto. Ahí está la diferencia entre observar y correr a poner la casa en alto.

¿Qué significa esto para el territorio? Que no hay una emergencia instalada, pero tampoco hay permiso para bajar la guardia. El INA da un mensaje claro: por ahora, sin evacuaciones. Pero el río no firma contratos con la previsión: si llegan lluvias en la segunda quincena, el cuadro puede cambiar.

La lectura es de calle: el río avanza, la gente observa, y la decisión de evacuar no se toma con el agua de hoy, sino con el agua que viene. Mientras tanto, la consigna es clara: seguir de cerca el río Paraná y tener en cuenta las lluvias de noviembre. En materia de crecidas, la mejor estrategia es no esperar el último kilómetro para moverse.

Hay un detalle que conviene subrayar: la palabra por ahora no es un adorno. En el seguimiento de un río, cada palabra pesa. Si el INA no prevé evacuaciones, significa que con el agua acumulada hasta ahora no se esperan niveles de evacuación. Pero el pronóstico no es una sentencia: es una foto que cambia con cada lluvia.

Otra cosa: no hay que confundir crecimiento lento con riesgo menor. El río puede subir poco a poco y, aun así, llegar a un punto donde la decisión de desalojar se vuelva inevitable. La diferencia no está en el susto, sino en el monitoreo. Por eso el dato de noviembre importa: si el agua de las lluvias se suma a la que ya está acumulada, el escenario puede rearmarse.

Para el vecino, la señal es práctica: no tenés que correr, pero tampoco tenés que quedarte mirando el teléfono esperando que el río baje solo. La segunda quincena de noviembre va a ser el termómetro. Si las lluvias se suman a la crecida actual, el cuadro puede cambiar. Y si no llueve, la tranquilidad se consolida. En el medio, la prudencia.

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