En Paraná, la inseguridad volvió a instalarse como tema central en calle Andrés Pazos, en inmediaciones de avenida Ramírez. Vecinos de la zona denunciaron reiterados hechos de inseguridad, daños a comercios y robos de luminarias. No es un episodio aislado ni una queja menor: es una situación que se repite en el tiempo y que afecta la tranquilidad de todo el sector. La frase que resume el malestar es dura y directa: “No dormimos tranquilos”.
El último episodio que empujó el reclamo fue un intento de robo durante la madrugada. Tras ese hecho, los vecinos reclamaron una solución a la falta de iluminación pública. No es una queja menor: la oscuridad en una calle con comercios y viviendas no es un simple incómodo urbano. Es una condición que, de seguir así, termina dejando a la comunidad expuesta, sin respuestas y con la sensación de que nadie escucha.
La falta de iluminación pública no es un detalle menor en un sector con comercios. Las luminarias no son un adorno urbano: son una herramienta básica de prevención y de visibilidad. Cuando faltan, la calle queda expuesta y el vecino termina pagando la cuenta con miedo y con daños materiales. ¿Cuánto más tiene que esperar la comunidad para que se resuelva un problema tan básico como la luz en la vía pública?
En Paraná, el reclamo de calle Andrés Pazos obliga a pensar en el rol de las autoridades. No se pide un milagro, sino una solución concreta: reparar, reponer y garantizar la iluminación pública en un sector que viene sufriendo robos y vandalismo. Si la queja se repite y no hay respuesta, el silencio no es neutral: termina siendo complicidad con el problema.
La frase “No dormimos tranquilos” no es un eslogan: es el síntoma de una comunidad que siente que la calle se le está escapando. Cuando los vecinos tienen que vivir con la angustia de lo que puede pasar en la madrugada, el problema ya no es solo técnico: es social, político y de seguridad. Ahí se juega la confianza en que el Estado puede garantizar orden y tranquilidad en el espacio público, que es donde la gente transita, trabaja y vive.
Hasta que no se resuelva la falta de iluminación, la denuncia de calle Andrés Pazos va a seguir sonando. En Paraná, la seguridad también se construye con luz: con calles iluminadas, comercios protegidos y vecinos que puedan transitar sin miedo. La comunidad no pide favores, pide que se cumpla lo básico. Y si no hay respuesta, la pregunta queda en el aire: ¿quién responde por la oscuridad que se instaló en la calle?


