sábado, octubre 24, 2026
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Manoseo en la peatonal de Paraná: “Te da vergüenza y te hace sentir culpable”

“Te da vergüenza y te hace sentir culpable”: así describió una joven de 28 años el momento en que un hombre la manoseó en la peatonal San Martín de Paraná, a plena luz del día.

La denuncia se volcó a la línea 911 y, según el relato, la Policía terminó de localizar al denunciado en la Terminal de Ómnibus.

El dato que pesa no es solo el lugar, sino la hora: a plena luz del día, en un espacio pensado para circular, comprar, cruzar la calle. Ahí se rompe la idea de que el hostigamiento es cosa de esquina oscura o de noche: la peatonal también puede ser un escenario de vulnerabilidad. Cuando la calle está llena, el contacto no buscado se vuelve más cruel, porque la víctima no puede explicarlo sin que la miren, sin que la duden, sin que le pidan que “se calme”.

La joven no se quedó callada: llamó al 911, dio la denuncia y, después, alentó a otras mujeres a hacer lo mismo. Ese gesto no es menor: convierte una experiencia dolorosa en una señal pública y le quita al denunciado el silencio que necesita para sentirse impune. En una ciudad donde la peatonal es un termómetro social, un manoseo no es un hecho privado: es una advertencia sobre cómo se habita el espacio público.

Acá conviene separar con cuidado: una denuncia no es una condena. El hombre fue localizado por la Policía y quedó como denunciado; su responsabilidad deberá definirse por los canales correspondientes. No consta su versión. Hasta que no haya una definición formal, el relato de la joven es el eje: una mujer cuenta lo que vivió y pide que no se naturalice.

La pregunta que queda en la calle no es si ocurrió, sino por qué la víctima tuvo que pedir auxilio para que el hecho dejara de ser invisible. Si una joven de 28 años tiene que soportar la vergüenza ajena después de ser manoseada, el problema no está en ella: está en el entorno que la obliga a explicar, a justificar, a cargar con la culpa de un contacto que no eligió.

Cuando una mujer cuenta que la tocaron y pide que no se naturalice, el mensaje es claro: el centro no es un lugar seguro si alguien puede manosear sin que nadie intervenga. La denuncia en Paraná no debe quedarse en la anécdota: es una señal de que la seguridad no es solo un tema de robo o de tránsito, sino también de respeto en la calle, de vigilancia efectiva y de una sociedad que no mire para otro lado.

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