Brasil se prepara para importar un volumen récord de trigo, y la cadena argentina del cereal mira el mercado con una mezcla de expectativa y alerta. En el 33º Congreso Internacional de la Industria del Trigo, el presidente ejecutivo de la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo, Rubens Barbosa, advirtió que las compras podrían alcanzar o superar los 9 millones de toneladas, el mayor volumen de los últimos 30 años.
La razón no es menor: la menor disponibilidad interna por cuestiones climáticas obliga a ampliar las importaciones para garantizar el abastecimiento regular de los molinos y atender a la industria alimentaria y a la población. Barbosa fue más directo: si la calidad del trigo argentino no mejora respecto de la cosecha pasada, Brasil tendrá que importar aún más para compensar esa condición.
Del otro lado del mostrador, la oportunidad se ve como una ventana que no se puede dejar pasar. Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera, sostuvo que Argentina será el país que más aporte a esa necesidad brasileña, y subrayó que la chance es “ahora o nunca” para toda la cadena de valor.
El argumento es simple: el productor, los exportadores y la molinería pueden penetrar en Brasil con grano y harina, y la industria argentina puede ofrecer un producto con agregado de valor trabajando en combinación con los molinos brasileños. Pero Cifarelli también puso el dedo en la llaga: si la molinería brasilera quiere calidad, va a tener que pagar el diferencial por los mejores lotes, como ya ocurre en Argentina.
Aún así, el escenario no es un paseo. Barbosa alertó por la presión sobre los costos en Brasil, con aumentos indirectos en insumos y envases, un incremento del 1,17% en la carga tributaria sobre el trigo importado y una reducción del 10% en el crédito presunto. Ese combo impactará en 2026 y 2027, con posibles reflejos en el precio de la harina y de productos derivados, como panes, pastas y galletitas.
La lectura que deja el congreso es que el trigo ya no se piensa por sectores sueltos, sino como una cadena completa. Daniel Kümmel, presidente del Consejo Deliberativo de Abitrigo, remarcó que la cosecha, el tipo de cambio y las reglas no se eligen, se administran, y que Brasil tiene potencial para ampliar la producción. Para la Argentina, el mensaje es claro: si no se asegura la calidad, el récord brasileño puede convertirse en una oportunidad perdida.
La puja por los mejores lotes va a marcar el pulso comercial. Cifarelli explicó que la molinería argentina intentará obtener los mejores lotes de calidad para ofrecer al cliente de Brasil una harina de calidad, aunque también advirtió que la mejora del trigo argentino va a estar en mayor cantidad y que será necesario pagar un diferencial de prima por esa mejora. En otras palabras: el grano común no alcanza; el mercado va a premiar la calidad, y quien la tenga va a tener más margen para negociar.


