Juan Carlos Diez murió este sábado a los 71 años en Argentina, dejando una huella que va más allá de las páginas: un oficio atravesado por la música, la conversación y la mirada sensible. En la redacción, su escritorio era un refugio para hablar de música, una pausa para salir de la inercia rutinaria y una parada obligada para la conversación. Se fue un periodista que convirtió la entrevista en un arte de escucha.
Nacido el 4 de febrero de 1955, Diez buceó en la música antes de dedicarse al periodismo. Trabajó toda la década del ’80 en la disquería El Agujerito, en la Galería del Este, del centro porteño. Allí quedaron anécdotas de Skay dejando discos en consignación y de casetes vendidos a Luca Prodan, material que resumió en el artículo “Alta fidelidad”.
Su recorrido periodístico cruzó publicaciones como Nueva, La Maga, Noticias, Luna, Anfibia, Cosmopolitan, Espectador, Rumbos, Temas y Fotos y Contrastes, además del diario La Voz del Interior. En esos medios publicó notas y entrevistas sobre temáticas diversas, con una práctica que encontraba en la conversación una forma de acercarse a las personas y sus historias. Durante más de 15 años trabajó en los suplementos Zonales, donde describió microhistorias y personajes barriales en los municipios de Lanús y Avellaneda hasta 2016.
En 2001, la Academia Nacional de Periodismo le otorgó por unanimidad el Primer Premio a la Creatividad por una entrevista al escritor Héctor Tizón. La distinción destacó un trabajo que trascendió la búsqueda de declaraciones y puso en primer plano la posibilidad de construir, a través de las preguntas, un retrato y una conversación capaces de revelar aspectos singulares de un entrevistado. Tizón, escritor fundamental de la literatura argentina, había construido una obra vinculada con la memoria, los paisajes del norte y las experiencias humanas que atraviesan las distancias y el tiempo. La entrevista, publicada el 11 de junio de 2000 en la revista Nueva, fue republicada en Anfibia cuando murió Tizón.
El libro Martropía, conversaciones con Luis Alberto Spinetta condensa cinco años de charlas con El Flaco. Publicado en 2006, tuvo una reedición en 2014 presentada en el Bar La Perla, el mismo día que Spinetta debía cumplir 64 años. El arte de tapa era del propio músico, un detalle que Diez agradeció: “Fue un logro para mi vida el hecho de que él estuviera tan contento (con el libro)”.
En la etapa final del libro, Diez contaba que a veces entraba a la redacción y relataba que la noche anterior las charlas con Spinetta habían sido mientras el músico cocinaba exquisitas preparaciones. “Un día me vio cansado por tantos años de charlas, me puso la mano en el hombro y sin más, dijo: ‘Vamos, vos podés’”, contó sobre el momento en que debía cerrar el libro. Esa frase quedó como un retrato breve de su manera de trabajar: con oficio, afecto y paciencia.
Diez también publicó El nacimiento de los peces, un libro de poesía en 2007, y produjo y condujo Pasaje Tupiza, la música que escucho en mi casa. Su trayectoria incluyó medios, libros, premios y una práctica periodística centrada en la conversación.


