¿Qué presidente querés? La respuesta aparece con una señal clara: honestidad y transparencia. En una pregunta abierta, 31,9% de los consultados la mencionó primero, muy por delante de la empatía y la cercanía con la gente (14,8%), la capacidad e inteligencia (7,6%) y la firmeza (6,2%).
También pesan la capacidad e inteligencia (7,6%), la firmeza y fortaleza (6,2%) y el respeto (3,7%). Un 6,6% mencionó espontáneamente a Javier Milei como parámetro de comparación, mientras que el nacionalismo y el patriotismo sumó 3,1%.
En cuanto al género, la mayoría se inclina por un hombre: 63,3% frente a 32,6% que prefiere una mujer, y 4,2% no sabe. En edad, la preferencia se concentra en 40 a 59 años (65,3%), seguida por mayores de 60 (27,9%) y menores de 40 (5,4%).
Sobre la vida personal, 54,5% no manifestó preferencia clara, aunque entre quienes la tienen predomina una persona casada (35,8%) por sobre soltera (9,8%). En paternidad, el 49,7% no sabe, el 40,2% prefiere que tenga hijos y el 10,1% que no los tenga.
El temperamento aparece como factor relevante: 85,5% aseguró que le importaría que el próximo presidente tuviera equilibrio emocional, frente a 14,5% que respondió que no. A la hora de gobernar, la mayoría se inclina por un liderazgo racional: 58,4% eligió «más cabeza» frente a 35,3% que prefirió «más corazón».
En estilo de conducción, la sociedad aparece dividida casi en partes iguales entre un perfil dialoguista (48%) y uno firme y confrontativo (47,3%). Algo similar pasa con la trayectoria: 49,9% prefiere que el próximo presidente provenga de la política, 29,1% lo contrario y 21% no tiene posición formada.
En el plano ideológico, si se consulta por perfil conservador o progresista, se impone la segunda opción con 43,9% frente a 32,5%, con 23,6% que no sabe. Pero al preguntar directamente por izquierda o derecha, la balanza se invierte: 41,7% se inclina por la derecha y 31,3% por la izquierda, con 27% de indecisos.
Respecto del comercio exterior, los encuestados se dividen entre orientar el desarrollo hacia China (38,1%) o hacia Estados Unidos (33,8%), con 28,1% que no sabe. En materia económica, la prioridad se inclina claramente hacia el crecimiento (59,9%) por sobre la distribución (35,7%).
En el plano productivo, la industria se consolida como la actividad a priorizar (53,3%), seguida por minería, gas y petróleo (20,2%) y campo (16,2%). Sobre la corrupción, el dilema quedó prácticamente empatado: 38,5% eligió certeza de que no es corrupto aunque no tenga plan, 37,5% que no se sepa con certeza pero tenga plan, y 24% no supo responder.
El resultado dibuja un mandato claro: el argentino quiere un presidente honesto, con equilibrio y con capacidad de gobernar. La sociedad, además, sigue dividida en cómo debe conducir y en qué lado del tablero debe ubicarse.


