Un nombre de peso en la industria farmacéutica argentina se paró frente a los empresarios entrerrianos y habló sin vueltas. Juan Pablo Bagó, accionista y director del Grupo Bagó, expuso este jueves en el Centro Provincial de Convenciones de Paraná, en el marco de la 22° Jornada de la Industria organizada por la Unión Industrial de Entre Ríos (UIER), y reveló los detalles de una movida que ya venía siendo comentada en el sector: la compra del laboratorio oncológico Eriochem, con sede en Colonia Avellaneda, en las afueras de la capital entrerriana.
El directivo fue directo sobre el por qué de la adquisición: “La industria farmacéutica está virando a los productos especiales, que es lo más atractivo en términos de venta y de rentabilidad”, sostuvo. Esos productos apuntan a patologías complejas, se comercializan mayormente en hospitales y su precio solo es accesible a través de coberturas médicas. No es un nicho menor: es, según Bagó, donde está el futuro del negocio global.
La compra de Eriochem no es un movimiento aislado. El Grupo viene construyendo este camino desde hace dos décadas, con adquisiciones previas en oncología y esclerosis múltiple. Ahora suma una empresa que, según describió el propio directivo, “fue desarrollada de cero, con una idea de alta calidad y orientada a la exportación”, con productos que calificó como “bastante únicos en el mundo” y que hoy llegan a América Latina, Turquía y varios otros mercados. A eso se suma una planta en Uruguay que también entra en la ecuación estratégica del Grupo.
La ventaja que ve Bagó en esta operación es clara: Eriochem hoy distribuye sus medicamentos a través de intermediarios en el exterior, pero el Grupo ya tiene presencia directa en muchos de esos mercados. “Eventualmente nosotros no precisaríamos de esos distribuidores porque tenemos nuestra propia empresa funcionando en otros países”, explicó, dejando en claro que el objetivo es capturar toda la cadena de valor sin depender de terceros.
Las patologías en el centro del radar son las más severas: cáncer, esclerosis múltiple y esclerosis lateral amiotrófica. Y el horizonte más ambicioso tiene nombre propio: Estados Unidos. “Obviamente tenemos el objetivo de Estados Unidos, que no es fácil, pero me parece que es donde está la cosa más interesante”, reconoció el directivo, sin suavizar la dificultad del desafío regulatorio y comercial que implica ese mercado.
Bagó también fue honesto sobre los riesgos del negocio. Con una cartera potencial de hasta 150 productos, elegir en cuáles invertir tiene un componente científico que no siempre da resultado: “Desarrollamos un producto, invertimos y no camina; quizás otra empresa lanza un producto mejor en el ínterin”, admitió. Esa transparencia sobre las apuestas fallidas dice tanto como los éxitos: estamos ante una industria donde el riesgo técnico es tan real como el financiero. La llegada de Bagó a Colonia Avellaneda no es solo una transacción corporativa; es una señal de que Entre Ríos puede ser plataforma de exportación para medicamentos de alta complejidad hacia el mundo.


