Hay músicas que no envejecen: se transforman, se pasan de mano en mano, y cada generación las hace propias sin perder el alma original. El chamamé es una de ellas, y cada 19 de septiembre la Argentina se detiene un momento para recordar al hombre que le dio forma inmortal: Mario del Tránsito Cocomarola.
El Día Nacional del Chamamé fue instituido en homenaje a Cocomarola, el correntino que convirtió a este ritmo en una lengua franca del litoral. Acordeonista, compositor y figura central de la identidad cultural de la región, su nombre sigue siendo referencia obligada cada vez que alguien habla del género con seriedad.
El presente del chamamé, sin embargo, no vive solo de la memoria. Juan Manuel Bilat, músico consultado sobre la fecha, subrayó que el género atraviesa un momento de renovación genuina, con jóvenes intérpretes que se acercan a la tradición sin tratarla como museo. Bilat también adelantó que tiene próximos proyectos en marcha, aunque sin precisar detalles por el momento.
Lo que queda claro es que el chamamé no necesita ser defendido: se defiende solo. Cada vez que un acordeón arranca en una fiesta del litoral, cada vez que una letra habla del río y la tierra colorada, el género demuestra que tiene raíces demasiado profundas para secarse. El homenaje a Cocomarola es, en ese sentido, también un homenaje a todo lo que vino después de él.


