Tres días en el mar de Bering, sin agua, sin comida y viendo morir a los suyos. Eso es lo que vivió un adolescente de 15 años que logró sobrevivir aferrado al casco volcado de un pequeño esquife frente a las costas de Alaska, hasta que un barco pesquero lo encontró y lo rescató esta semana.
El chico había salido el viernes desde la isla de St. Lawrence, una remota isla alaskana ubicada más cerca de Rusia que del continente americano, junto a su hermano y un primo. Planeaban regresar el domingo temprano tras una jornada de pesca de halibut. Nunca volvieron. Cuando los familiares los reportaron como desaparecidos el domingo a la noche, la Guardia Costera estadounidense lanzó la búsqueda al amanecer del lunes.
Fueron aviones y helicópteros de la Guardia Costera los que avistaron al menor esa mañana del lunes: estaba arrodillado sobre el casco volcado, con una chaqueta amarilla brillante, en medio del gélido océano. Las autoridades desplegaron una balsa y suministros de emergencia, y contactaron al barco pesquero The Northwest Explorer, cuya tripulación terminó izándolo a bordo en una canasta de rescate.
Adam White, capitán del Northwest Explorer, describió la escena con pocas palabras y mucho peso: “Ese chico es muy duro”, dijo a la televisora KTUU-TV de Anchorage. Fue White quien relató los momentos más desgarradores del rescate: “Entre el castañeteo de dientes, mencionó que su hermano todavía estaba debajo del esquife. Y luego dijo que, la noche anterior, antes de nuestro rescate, su primo se había ido”.
El adolescente presentaba síntomas de hipotermia cuando subió al barco. La tripulación lo atendió con mantas y compresas calientes hasta estabilizarlo. Los cuerpos de su hermano y su primo fueron hallados después de que el chico ya estuviera a salvo. Las autoridades no dieron a conocer los nombres de ninguno de los tres.
El caso conmocionó a la comunidad de Savoonga, la localidad de la isla de St. Lawrence de donde provenía el grupo. Un adolescente que salió a pescar con su familia y regresó solo, después de casi tres días desafiando el frío extremo del Bering, es el único sobreviviente de una tragedia que empezó como una jornada de pesca ordinaria.


