viernes, septiembre 11, 2026
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Concordia y el desafío del comercio digital: vender más no siempre es ganar más

El debate ya no pasa por si hay que digitalizarse o no. La pregunta que le quema los pies al comercio concordiense es otra: ¿cómo se gana plata en una vidriera que no te pertenece? Porque la vidriera más transitada de muchos negocios hoy está dentro de un teléfono, y en esa vidriera no siempre decide el comerciante qué aparece primero.

Los números locales son contundentes. Según relevamientos del Centro de Comercio, Industria y Servicios de Concordia correspondientes a 2026, el 58,3% de los comerciantes ya realiza operaciones online. Para el 34,8%, ese canal representa entre el 1% y el 25% de sus ventas. Pero todavía hay un 41,7% que no vende por internet. Dos mundos que conviven, con tensiones crecientes entre ellos.

El contexto nacional le da dimensión al fenómeno. En el primer semestre de 2026, el comercio electrónico argentino movilizó más de $19,5 billones, con una facturación 28% superior a la del mismo período del año anterior. Se procesaron 181,5 millones de órdenes de compra y se comercializaron 248 millones de artículos. No es el futuro: es el presente que ya pisó el mostrador.

Y acá viene el punto que muchos prefieren no mirar de frente: vender más no es lo mismo que ganar más. Las comisiones de plataformas como Mercado Libre pueden ubicarse entre el 11,62% y el 17,75% del valor comercializado, según categoría y provincia. A eso hay que sumarle logística, publicidad, impuestos y esquemas de financiación cuyos cargos pueden superar por sí solos el 10%. Para una empresa grande, esos puntos porcentuales se absorben con escala. Para una PyME con márgenes ajustados, pueden convertir una venta aparentemente exitosa en una operación de rentabilidad mínima o directamente negativa.

Confundir facturación con rentabilidad es uno de los errores más caros que puede cometer un comerciante que se digitaliza sin hacer los números. Y no es un error menor: es el tipo de error que cierra negocios.

Hay además un activo que se pierde casi sin que nadie lo note: los datos de los clientes. En el comercio tradicional, la relación directa con quien compraba permitía saber quién era, qué buscaba y cuándo volvía. En las plataformas, esa información pasa por un tercero que procesa millones de búsquedas, precios y preferencias. El comercio local cede parte de su inteligencia comercial sin siempre advertirlo.

La otra cara de la moneda también existe: las plataformas ofrecen acceso a millones de consumidores, medios de pago, reputación, prevención de fraude y logística. Son servicios reales y valiosos. El problema no es usarlos; el problema es usarlos sin entender cuánto cuestan y qué se entrega a cambio.

Mientras tanto, el consumidor concordiense también cambió. En 2025, el 85% de los compradores buscó información online antes de concretar una compra en cualquier canal. Muchos entran a un local físico con el precio de internet en la cabeza. El comerciante que no entiende eso ya está jugando en desventaja.

El escenario exige que las políticas públicas municipales y provinciales acompañen esta transformación con herramientas concretas: capacitación financiera, acceso a tecnología, asistencia para que las PyMEs puedan negociar mejores condiciones o desarrollar canales propios. El comercio local ya cambió; lo que no puede permitirse es que la política pública llegue tarde a ese cambio.

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